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    Morir por Cuba

    07 de julio de 2013 • 08:45

    Morir por Cuba
    Jorge Ramos Ávalos

    Guillermo Fariñas cree que si él muere en un acto de protesta, Cuba
    podría dejar de ser una dictadura. O, al menos, moverse en esa
    dirección. Eso es tener una enorme fe en lo que una sola persona puede
    hacer para terminar con el régimen de 54 años de los hermanos Castro en
    la isla.

    Desde 1983, cuando estuvo en Moscú, Fariñas no salía de Cuba. Ahora lo
    pudo hacer debido a una nueva ley que permite la salida a aquellos que
    consiguen una visa de visita. “Lo que más me ha impactado es la brecha
    tecnológica entre mi país y el resto del mundo”, dijo durante una
    entrevista en Miami. “Cuba está en el siglo XVII”. Eso mismo escribió la
    bloguera Yoani Sánchez al regresar a Cuba luego de un viaje de tres
    meses. Volver a Cuba, dijo en Twitter, es como estar en “una máquina del
    tiempo, hacia el pasado”.

    Ese viaje al pasado es, a la vez, literal y político. “Carretones de
    caballo en el interior y todas las estructuras destruidas”, es como
    Fariñas describió la Cuba actual. Y más de medio siglo con una férrea y
    represiva dictadura.

    ¿Por qué, en este 2013, cuando muchas naciones han dejado de tener
    dictaduras, Cuba sigue teniendo una brutal? Por tres razones, explicó
    Fariñas: “La falta de unidad dentro de la oposición, el aferramiento de
    los gobernantes y la indiferencia y complicidad de muchos gobiernos del
    mundo”.

    Fariñas es muy incómodo para el régimen de la Habana porque conoce al
    monstruo desde dentro. Fariñas es el “Coco” de los Castro. Fue miembro
    de la Unión de Jóvenes Comunistas, recibió entrenamiento en la antigua
    Unión Soviética y hasta peleó (y resultó herido) en la Guerra de Angola.
    Pero en 1989 se separó del gobierno como protesta por el fusilamiento
    del general Arnoldo Ochoa, acusado por el régimen de narcotráfico.

    Trabajó como sicólogo en un hospital de la Habana hasta que denunció, en
    1995, a su directora por corrupción; en lugar de que ella terminara en
    la cárcel, lo arrestaron a él. Esa fue su primera de muchas detenciones.
    Ha pasado más de una década encarcelado.

    Pero Fariñas es más conocido por sus 23 huelgas de hambre, según mi
    cuenta. Su salud está “bastante deteriorada”, de acuerdo con su propia
    descripción. Una huelga de hambre en el 2010, protestando por la muerte
    del disidente Orlando Zapata, le provocó una trombosis de lado izquierdo
    del cuello. Ha perdido todo el cuero cabelludo hasta las cejas. Dice que
    ha ganado peso pero su piel morena se pega penosamente a los huesos de
    su pecho. La camisa parece quedarle una o dos tallas más grande, y sus
    sandalias, sin calcetines, entran y salen con facilidad.

    “Todas mis huelgas son al extremo”, dijo, y su cuerpo lo corrobora. Se
    mueve poco, como ahorrando energía. “Conmigo no hay puntos medios. Yo
    asumo la huelga cuando el gobierno hace actos inhumanos. Es ahí cuando
    yo tomo medidas autodestructivas que pongan al gobierno contra la pared”.

    Fariñas -portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, que agrupa a unos 6
    mil opositores en la isla- tiene planeado regresar a Cuba a mediados de
    julio. Ni siquiera considera quedarse en Miami.

    Hace tres años Fariñas escribió: “Ya es hora de que el mundo se percate
    que éste es un gobierno cruel y hay momentos en la historia de los
    países en que tiene que haber mártires”. Y él está dispuesto a serlo, me
    confirmó el ganador del premio Sajarov, otorgado a defensores de los
    derechos humanos, y que por fin pudo recibir en Francia tres años después.

    Fariñas cree que hay que causar una conmoción a nivel internacional para
    que el gobierno castrista se resquebraje. “Hubo momentos en que el mundo
    no escuchaba… Hoy escuchan. Pero lo que tiene que haber es una conmoción”.

    “¿Y esa conmoción la podrías lograr tú con otra huelga de hambre?”,
    pregunto. “Yo pienso que si el gobierno cubano deja morir a un premio
    Sajarov, le causaría un daño al gobierno y tendría que hacer
    concesiones”, responde.

    De pronto, me doy cuenta que estoy frente a un hombre que ha tomado la
    decisión de morir por la democracia en Cuba. Nunca dejan de sorprenderme
    los hombres y las mujeres que están dispuestos a morir por defender sus
    ideas. Son pocos y miran distinto al resto de los mortales, como si
    vieran dentro del alma.

    Él sabe que criticar al régimen cubano en el extranjero puede tener
    terribles consecuencias para él y para sus hijas, Haisa, de 18 años, y
    Diosángeles, de 11. “Nos pueden asesinar en cualquier momento”, dijo
    como si hubiera repetido esa frase un millón de veces.

    Pero Fariñas no quiere que su vida (ni su muerte) sea en vano. Antes de
    despedirme le digo que me parece extraordinario que esté dispuesto a dar
    su vida por su país. “Esa es su opinión… Pero nosotros consideramos
    que defender a la patria no es nada extraordinario”. Él -concluyo
    mientras lo veo irse lentamente- es un hombre que ya decidió morir por Cuba.

    Source: “Jorge Ramos Ávalos: Morir por Cuba – Terra México” –
    http://noticias.terra.com.mx/mexico/jorge-ramos-avalos-morir-por-cuba,9c56d9dad49bf310VgnVCM20000099cceb0aRCRD.html

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