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    Cartas de cabeza

    Embargo, Disidencia, Oposición

    Cartas de cabeza
    Da la impresión que la actual administración lleva a cabo una campaña en
    que quiere dejar bien a las claras su apoyo a la disidencia cubana.
    Pero, ¿y qué más?
    Alejandro Armengol, Miami | 12/11/2013 10:07 am

    Al rumbo lento, errático y por momentos confuso de los cambios en Cuba
    se ha añadido una nueva interrogante: los comentarios del presidente
    Barack Obama durante su visita a Miami el viernes pasado.
    En primer lugar, hay al menos dos lecturas del evento, que aparecen más
    adelante.
    Sin embargo, vale la pena enfatizar antes que las especulaciones van más
    allá de la reunión que el mandatario sostuvo con opositores cubanos,
    dentro de un encuentro más general con donantes para las campañas de su
    partido; una mezcla de declaraciones, buenos propósitos y dinero que a
    veces no resulta fácil conciliar.
    Los hechos son simples. Obama viajó a Miami para varias de sus
    interminables cenas de recaudación de fondos.
    Una de ellas se celebró en la residencia de Jorge Mas Santos, presidente
    de la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF).
    Desde que por primera vez manifestara su aspiración a la nominación
    presidencial demócrata, Obama ha contado con el apoyo de la CANF, así
    que hasta aquí no hay nada nuevo.
    Es más, la cena podría considerarse algo similar a otra realizada por
    los Estefan en abril de 2010.
    En aquella ocasión Gloria y Emilio Estefan llevaron a cabo una cena de
    recaudación de fondos ($30.000 el cubierto para dos personas) y le
    plantearon al mandatario la situación de los derechos humanos en Cuba y
    la necesidad de apoyar a quienes estaban luchando en favor de la
    democracia en la Isla.
    En marzo de ese mismo año, los Estefan habían organizado una gran
    manifestación en Miami para condenar la muerte de Orlando Zapata y en
    apoyo a las Damas de Blanco.
    Así que a primera vista esta nueva cena podría verse simplemente como un
    acto de continuidad, y nada más.
    No es así.
    En primer lugar porque en este segundo encuentro hubo algo ausente en el
    primero. La presencia de dos figuras que en la actualidad son claves
    dentro del movimiento opositor cubano: Berta Soler, líder de las Damas
    de Blanco, y Guillermo Fariñas, portavoz de la Unión Patriótica de Cuba.
    Mientras Gloria Estefan solo pudo mostrarle al Presidente un álbum de
    fotos con las Damas de Blanco y los actos de repudio en su contra, Jorge
    Mas Santos logró colocar junto a Obama a dos de los más destacados
    participantes en esas actividades.
    Pero esa diferencia entre mostrar fotografías y conversar con los
    protagonistas de los hechos era posible ahora, en gran medida, por un
    cambio llevado a cabo por el gobierno de Raúl Castro. Y este hecho,
    fundamental, no escapó a Obama.
    Así que tenemos una primera lectura, simple, inmediata y en buena medida
    publicitaria. El presidente de Estados Unidos se retrata con dos líderes
    de la oposición cubana, premios Sájarov ambos.
    El hecho no deja de ser importante. El encuentro —que se extendió por
    alrededor de una hora— es una señal de apoyo a la oposición interna de
    una nación cuyo gobierno ha sido por décadas un enemigo ideológico y
    político de este país; con el cual se mantiene una situación de
    aislamiento, pero cuya confrontación —también por décadas— se ha
    limitado casi todo el tiempo a declaraciones y acciones legales, en el
    terreno de un embargo económico.
    Se produce además por parte de una administración que ha sido acusada
    reiteradamente por este exilio de ser demasiado complaciente con el
    régimen de los hermanos Castro, y de realizar concesiones
    (flexibilización de los viajes y el envío de remesas de los
    cubanoamericanos) sin recibir nada a cambio, mientras La Habana mantiene
    encarcelado a un ciudadano norteamericano (Alan Gross).
    Hay sin embargo, límites que señalar. El encuentro se produjo no en la
    Casa Blanca ni durante una visita oficial. Fue simplemente una reunión
    durante una cena de recaudación de fondos, en que el anfitrión fue el
    encargado de presentar a los opositores.
    No todo, por otra parte, se limitó a las fotos. El Presidente escuchó a
    los disidentes, “los alentó y habló de su admiración por sus
    sacrificios”, según El Nuevo Herald.
    Este reconocimiento se une a una breve reunión, ocurrida en Washington,
    en que Soler fue recibida por el vicepresidente Joe Biden, además de
    otras realizadas en meses recientes entre opositores, activistas,
    comunicadores, congresistas y miembros del gabinete estadounidense.
    Da entonces la impresión que la actual administración lleva a cabo una
    campaña —con un fuerte impacto gráfico— en que quiere dejar bien a las
    claras su apoyo a la disidencia cubana. Pero, ¿y qué más?
    Las especulaciones comienzan a la hora de tratar de ver otros objetivos
    dentro de esta campaña.
    Y aquí entran a jugar las palabras que pronunció Obama, más allá del
    apoyo político y la continuación de la asistencia económica a la oposición.
    El Presidente se refirió al hecho de que en Cuba han ocurrido cambios
    que no pueden ser pasados por alto.
    “Tenemos que ser creativos y tenemos que ser más cuidadosos y tenemos
    que seguir actualizando nuestras políticas”, expresó, de acuerdo a la
    agencia Reuters.
    “Hay que tener en cuenta de que cuando Castro llegó al poder yo acababa
    de nacer, así que la idea de que las mismas políticas que pusimos en
    práctica en 1961 resulten eficaces hoy, en la era de internet, Google y
    los viajes internacionales no tiene mucho sentido”, agregó.
    Señaló también que los cambios crecientes en la política de Estados
    Unidos hacia Cuba han permitido una mayor comunicación con quienes viven
    en la Isla y un incremento en el envío de remesas.
    “Creo que todos entendemos que, en última instancia, la libertad en Cuba
    vendrá debido a los extraordinarios activistas y la increíble valentía
    de la gente como que vemos aquí hoy”, enfatizó el presidente en la
    vivienda de Mas Santos, todo según la información de Reuters.
    Estas palabras son una reafirmación de lo (poco) hecho por su
    administración en lo que se refiere a Cuba. También un avance de que —al
    menos según lo que él dice— ha llegado el momento de un avance en su
    política hacia el régimen castrista, algo que hasta ahora no se había
    producido. Y de que ese cambio tendrá que ver fundamentalmente con el
    internet y los viajes.
    La primera pregunta es por qué ahora. Cierto que, como presidente, puede
    permitirse mayores riesgos porque no va a la reelección, pero es tonto
    pensar que lo que proponga no tendrá en cuenta al menos a dos figuras
    importantes dentro de su partido: Bob Menéndez y Hillary Clinton.
    También que el secretario de Estado, John Kerry, tendrá un papel
    fundamental, si se lo permiten tantos embrollos mundiales que tienen una
    mayor prioridad.
    ¿Por qué ahora? De nuevo la pregunta. Por una razón muy sencilla. Porque
    el gobierno de Obama ha decidido que es el momento de aprovechar los
    cambios que se han producido en Cuba, por muy limitados que estos sean.
    Y estos cambios se resumen en pocas palabras: viajes, dinero y turismo.
    Solo estas tres palabras servirán para alborotar el avispero en Miami.
    Lo veremos.
    Escuchó, pero él va a decidir
    Obama, por lo tanto, no se limitó a expresar su apoyo y retratarse con
    los opositores. Los escuchó, pero también dejó claro que va a llevar a
    cabo una reformulación de la política hacia Cuba. Esa es su prerrogativa
    y parece que finalmente la va a ejercer.
    En esa reformulación es casi seguro que se van a producir cambios que no
    serán del agrado del sector más tradicional del exilio.
    Son estas, entonces, las dos lecturas de lo ocurrido el viernes por la
    noche en Miami.
    Los opositores declararon su satisfacción con el apoyo presidencial,
    pero también expresaron con claridad su posición.
    Berta Soler dijo tras la reunión que “la libertad de Cuba depende de los
    cubanos”.
    “Una petición que se le hizo fue que bajo ningún concepto negociará con
    el gobierno de Cuba si es que no estaba presente el exilio y la
    oposición interna no violenta, puesto que nosotros somos una sola nación
    y deberían tratarnos como nación”, señaló Fariñas a la agencia Efe.
    Son aspiraciones válidas de la oposición cubana, pero lo más probable es
    que la administración estadounidense solo va a seguirlas hasta un punto.
    Lo primero es, por supuesto, lograr la liberación de Gross, pero esta es
    la carta que quizá Obama tenga guardada y no dijo en Miami. Una vez
    resuelto ese problema, si se realiza una negociación esta transitará de
    acuerdo a los intereses mutuos de ambas naciones, en la que el
    reconocimiento a la oposición pasará a un lugar secundario (para tratar
    de ser optimistas).
    Por su parte, el Cuba Study Group aplaudió las declaraciones del
    Presidente, en que éste puso de relieve que su política de apertura ha
    beneficiado a la sociedad civil en Cuba y contribuido a los cambios en
    la Isla. La organización abogó en favor de que esta oportunidad sirva
    “para dar pasos más audaces que rompan el aislamiento, brinden mayor
    poder a la creciente clase empresarial de Cuba, y acabe con las
    sanciones contraproducentes y los propósitos que sólo constituyen un
    obstáculo para un mayor cambio en la Isla”.
    El Cuba Study Group aboga por lo que llama una “restauración de la
    autoridad ejecutiva sobre la política estadounidense hacia Cuba”, en que
    el Presidente, mediante su autoridad ejecutiva, desempeñe un papel más
    activo en facilitar el cambio en la Isla.
    Puntos a considerar
    El viernes un reducido grupo se manifestaba en la cafetería del
    Versailles en favor del rapero Ángel Yunier Remón Arzuaga, hospitalizado
    en medio de una prolongada huelga de hambre. Hay cierta ironía cruel en
    escoger para apoyar una huelga de hambre un sitio famoso por la comida,
    pero es uno de los lugares en Miami donde resulta fácil encontrar una
    cámara de televisión local. Esa noche habían dos. Por lo demás, nadie
    tenía la menor esperanza que Obama se apareciera por allí.
    Las cafeterías y los restaurantes del exilio han quedado relegados a
    paradas de tránsito para los aspirantes a nominaciones presidenciales.
    Luego, a la hora de hacer política de verdad, ya no cuentan.
    La oposición ha abierto una línea de comunicación directa con
    Washington. El exilio, en el mejor de los casos, se reduce a un papel
    mediador.
    Obama habló de cambios en Cuba. Las palabras pronunciadas delante de un
    opositor que no hacía aun siete días fue golpeado pueden resultar —y en
    cierto sentido son— chocantes. ¿Qué cambios? Uno bien sencillo. El
    disidente estaba frente a él y tenía un pasaje de regreso para el otro día.
    El actual gobierno ha dejado bien claro que cuenta con la disidencia,
    pero también que no depende de ella. De hecho, ninguna administración
    estadounidense ha dependido de la oposición, pacífica o violenta, sino
    lo contrario. Sólo que ahora parece ser más independiente del exilio de
    Miami.
    El exilio de Miami también ha cambiado o está en vías de extinción. Lo
    que aumenta cada vez más es una inmigración transnacional, cuyas
    fronteras son cada vez más difusas.
    La indefinición cubana
    Estas son algunas de las lecturas inmediatas que provocan la reunión de
    Obama y los opositores, pero hay más.
    Cuba sigue siendo una excepción. Se mantiene como ejemplo de lo que no
    se termina. Su esencia es la indefinición, que ha establecido a lo largo
    de la historia: ese llegar último o primero, para no estar nunca a
    tiempo. No es siquiera la negación de la negación. Es una afirmación a
    medias. No se cae, no se levanta.
    La renuencia del gobierno cubano a ceder en lo más mínimo, frente a las
    presiones internacionales, se ha mantenido sin alterarse.
    La política de liberar a los prisioneros de la llamada “Primavera Negra”
    y cambiar la táctica de las largas condenas, en la mayoría de los casos,
    por encierros preventivos de pocas horas o días no permite la menor
    esperanza.
    Ante el más leve temor de amenaza, el régimen cierra filas. El terror es
    el único instrumento en que confía. La turba que golpea y veja se apoya
    en el policía listo para encarcelar y en el tribunal sin decoro, que
    condena la decencia.
    Una y otra vez, el acto de repudio se utiliza con el mismo objetivo: no
    sólo es sembrar el miedo, también es crear el desaliento. Los argumentos
    son gastados, los recursos son viejos, pero la vida es una sola.
    Los repudios constituyen una de las caras más turbias de un monstruo con
    varias cabezas, y no deben verse de forma aislada.
    A ellos se une una campaña de descrédito por numerosos medios. Alimentar
    la desconfianza, porque el gobierno sabe que ésta es un freno a la hora
    de dar un paso al frente.
    Por décadas el gobierno cubano ha mostrado ser un especialista en
    confundir los límites. ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Qué crítica es
    permitida? Lo mejor es quedarse tranquilo.
    En un artículo publicado en Infolatam, la profesora española Sonia Alda
    destaca que en Cuba, “la falta de mensajes oficiales que orienten sobre
    el proceso o expliquen el significado de los mismos, hace pensar en la
    falta de un proyecto integral concreto. De hecho más que ideologización
    ‘orientadora’, para dirigir el proceso, como cabría suponer en un
    régimen autoritario, hay una completa desideologización”.
    Más adelante agrega: “Un vacío así solo puede generar desorientación y
    desconcierto”.
    La “actualización” castrista ha resultado una versión de aquella canción
    de la “ola marina”, con un motor que camina para adelante y otro para
    atrás, y lo que hoy es permisible se prohíbe mañana. Dentro de esa
    confusión, un cambio importante en la política estadounidense hacia Cuba
    significaría un empujón contra el inmovilismo reinante. Lo que está por
    verse es si la reacción del régimen será un avance o un retroceso.

    Source: “Cartas de cabeza – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro” –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cartas-de-cabeza-315228

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