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    Cambio de forma y nueva dinámica

    RELACIONES CUBA-UE

    Cambio de forma y nueva dinámica
    DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 14 Feb 2014 – 10:34 am.

    Si La Habana acepta la invitación a dialogar de la Union Europea, tendrá
    que ratificar los pactos de derechos humanos y suspender las represión
    por motivos políticos.

    En una declaración publicada el martes 11 de febrero, Rogelio Sierra
    Díaz, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, informó que el
    Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE)
    autorizó a la Comisión Europea y a la Alta Representante para Asuntos
    Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, a iniciar
    negociaciones sobre la disposición de un Acuerdo de Diálogo Político y
    de Cooperación con la República de Cuba y agregó que “Cuba considerará
    la invitación formulada por la parte europea, de manera respetuosa,
    constructiva y apegada a su soberanía e intereses nacionales”.

    Se trata del posible inicio de negociaciones para un diálogo político
    bilateral y un Acuerdo de Cooperación en dependencia de que las
    autoridades cubanas acepten la invitación. Al respecto, Catherine Ashton
    expresó: “Espero que Cuba apruebe esta propuesta y podamos pronto
    trabajar en pos de una relación más firme”, pero dijo que “la decisión
    no constituye un cambio político respecto al pasado”; lo que puede
    interpretarse como un cambio de forma, no de contenido. Por su parte, el
    embajador de la UE en Cuba dijo que “la política es la misma pero hay
    una nueva dinámica”, y calificó la decisión como un “gran paso
    adelante”, pues el posible acuerdo “formalizaría la cooperación a todos
    los niveles sobre una base jurídica y política más firme”.

    Las transiciones hacia la democracia dependen tanto de los factores
    internos como de los externos. En dependencia de la mayor o menor fuerza
    de los primeros, los segundos asumen un mayor o menor protagonismo, que
    es precisamente el caso de Cuba, como se puede apreciar si miramos por
    el retrovisor.

    La revolución que tomó el poder en 1959, convertida en fuente de
    derecho, se enrumbó hacia el totalitarismo. La Constitución de 1940 fue
    sustituida de facto por La Ley Fundamental del Estado Cubano, con la
    cual el Primer Ministro designado asumió las facultades de Jefe de
    Gobierno y el recién creado Consejo de Ministros se adjudicó las
    funciones del Congreso. A partir de entonces se procedió a concentrar el
    poder en manos del líder, la propiedad en manos del Estado, a desmontar
    la sociedad civil y a restringir las libertades ciudadanas y los
    derechos humanos, por lo que los cubanos, desarmados de instrumentos y
    espacios cívicos, perdieron la condición de ciudadanos.

    En ese contexto, los países de la entonces Comunidad Europea, que
    mantenían relaciones bilaterales con Cuba, establecieron en 1996 la
    Posición Común con el objetivo de “alentar un proceso de transición a
    una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las
    libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la
    mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano”. Esa decisión, que
    de hecho constituyó un apoyo moral a la oposición dentro de la Isla,
    agudizó las contradicciones entre la UE y La Habana. Posteriormente, en
    el año 2002, cuando se instaló la delegación de la Comisión Europea en
    La Habana y se recibió con beneplácito la solicitud de Cuba para
    incorporarse al Acuerdo de Cotonú[1], se abrió una nueva etapa en las
    relaciones bilaterales. Sin embargo, en el año 2003, el encarcelamiento
    de 75 opositores pacíficos y el fusilamiento de tres jóvenes que
    intentaron capturar una lancha para escapar del país, llevó al Consejo
    de la UE[2] a reafirmar la vigencia y validez de la Posición Común.

    En el año 2008, cuando los huracanes que azotaron el país profundizaron
    la crisis interna, el Gobierno firmó el restablecimiento de las
    relaciones con la UE y se acordó reiniciar el diálogo político. El
    Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, y el Ministro de
    Relaciones Exteriores de Cuba, firmaron una declaración dando a conocer
    la decisión, mientras el gobierno de España se empleaba a fondo para que
    la Posición Común fuera derogada. Sin embargo, en 2010, precisamente
    cuando España ocupaba la presidencia de la UE, dos sucesos echaron por
    tierra ese propósito: Cuba prohibió la entrada al eurodiputado español
    Luis Yáñez y al mes siguiente murió en una prolongada huelga de hambre
    el prisionero político Orlando Zapata Tamayo.

    Si ahora el gobierno cubano aceptara la invitación de la UE, tendría que
    aceptar el diálogo sobre el tema de los derechos humanos y proceder al
    restablecimiento de lo que nunca debió ser barrido. Lo interesante es
    que no estamos en las mismas condiciones de aquel año, cuando el
    entonces ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, al
    referirse a la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, declaró: “Si la
    UE se apartara de la votación estéril que genera enfrentamiento, Cuba
    estaría dispuesta a sentarse con la UE a acordar un programa”. Y Que
    Cuba “se sentiría en la deuda moral de acompañar la decisión europea.
    Firmaría el pacto de derechos económicos, sociales y culturales al día
    siguiente, diciendo que hemos empezado una nueva etapa en nuestras
    relaciones”.

    De producirse la negociación, a juzgar por las palabras de Catherine
    Ashton, los países de la UE tendrían que poner sobre la mesa la
    siguiente exigencia:

    Acoplar las leyes cubanas con la Carta de las Naciones Unidas y con
    todos los instrumentos de derecho internacional, como la Carta Universal
    de Derechos Humanos, que en su artículo 30 reza: “Nada en esta
    Declaración podrá interpretarse en el sentido que confiere derecho
    alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y
    desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de
    cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta
    Declaración”. Un enunciado que para Cuba tiene un significado especial,
    pues fue una de las naciones promotoras y firmantes de tan importante
    documento. Y también ratificar los pactos de derechos humanos, firmados
    desde el año 2008, que constituyen la base de la dignidad de la persona
    y garantía de que los cambios proyectados tengan un efecto positivo para
    la sociedad cubana.

    Sobre esa primera exigencia, el Gobierno de Cuba tendría que suspender
    las represiones y el encarcelamiento por motivos políticos; los países
    de la UE podrían fomentar los intercambios con la sociedad civil para
    que los cubanos emerjan gradualmente de la marginalidad política y
    recuperen la condición de ciudadanos, todo lo cual coadyuvaría al
    fomento de la soberanía popular para que los cubanos puedan ser
    protagonistas de su historia y su destino.

    A lo anterior se uniría el reclamo para que el Código de Trabajo —que
    será promulgado próximamente— recoja el derecho a la libre
    sindicalización y a la contratación libre de la mano de obra, dos
    aspectos contenidos en la Legislación Laboral de 1938 y en la
    Constitución de 1940; así como para que la nueva Ley de Inversiones
    incluya a los nacionales, pues los proyectos para los que se está
    invitando a los inversionistas extranjeros serán de utilidad sólo en la
    medida en que los cubanos se conviertan en sujetos de los cambios con
    derechos reconocidos. El caso particular del proyecto Zona Especial de
    Desarrollo Mariel podría ser de enorme utilidad para la economía cubana
    a condición de la democratización del país. Lo demás sería, de facto,
    fortalecer el actual modelo y condenar a los cubanos a permanecer en la
    marginalidad cívica, política y económica.

    [1] Relaciones de cooperación entre la UE y los países de África, Caribe
    y Pacífico, de carácter vinculante. El inciso 2 del artículo 9 reza: Las
    partes se comprometen a promover y proteger todas las libertades
    fundamentales y todos los derechos humanos, ya se trate de derechos
    civiles y políticos o económicos.

    [2] Nombre que recibe la cumbre de jefes de Estado o de gobierno de los
    países miembros de la Comunidad Europea, la cual se reúne regularmente
    por lo menos cada seis meses.

    Source: Cambio de forma y nueva dinámica | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1392370455_7143.html

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