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    La cárcel, una escuela política

    La cárcel, una escuela política
    Hablamos con Anyer Antonio Blanco Rodríguez, líder de la Unión
    Patriótica de Cuba en Santiago
    REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 19, 2014

    Cuando uno conversa con Anyer Antonio Blanco Rodríguez, joven líder de
    la Unión Patriótica de Cuba en la provincia de Santiago de Cuba, se
    queda con la impresión de haber conocido a un hombre maduro, cuya
    proyección duplica los 28 años que está a punto de cumplir. Resulta que
    en esa ecuación de “acciones partido tiempo” con la que algunos
    pretenden medir la eficiencia de la vida, Anyer acumula demasiadas
    experiencias en un lapso muy corto.

    Como todo niño de su generación alzaba la mano en el matutino de su
    escuela de El Caney para jurar que quería ser como el Che. Deseaba
    realizar su vocación artística –canta, toca el piano y la guitarra– así
    que entró a la Escuela de Instructores de Arte, donde se graduó en 2005
    en la especialidad de dirección coral. Cuando llevaba solo un mes
    impartiendo conocimientos a niños de tercer y cuarto grado, lo llamó el
    Servicio Militar y allí fue donde su destino cambió para siempre.

    Pregunta. ¿Cómo fue ese punto de giro?

    Respuesta. Nos habían asegurado que nuestro sería considerado como un
    Servicio Social durante 5 años; también nos habían hecho creer que eso
    de ser artista y presentarse ante el público sería algo sencillo. Por
    eso me sentí tan frustrado cuando recibí la citación para la preparación
    militar, eso que le decimos “la previa”.

    Después me ubicaron en la unidad 4377 en un sitio conocido como La
    Risueña, cerca de la carretera central. Ya yo empezaba a hacerme
    preguntas sobre la diferencia de lo que decían en la TV y lo que yo veía
    y vivía. Nos habían inculcado la idea de que aquí todo marchaba bien y
    allá afuera todo estaba mal, pero yo veía a familiares nuestros que
    venían de visita y no era como nos contaban. Ya no soportaba ni el
    programa de la Mesa Redonda ni el noticiero… Así que se me empezó a
    meter en la cabeza la idea de irme del país.

    P. ¿Legal o ilegal?

    R. Me puse a practicar como podía esconder un AK-47 en el pantalón y
    cómo caminar con el sin que se notara lo que llevaba escondido. A los
    siete días de estar en aquella unidad, exactamente el 22 de abril del
    2006, estaba haciendo guardia en la posta 123, que cubría unos nichos de
    municiones. Cuando a las dos de la tarde me vi solo, le rompí la culata
    al AK 47 para poder esconderlo mejor y salí “rompiendo monte”, como
    hacían los esclavos en el tiempo de la Colonia.

    Cuando fueron a hacer el relevo y se percataron de mi ausencia y la del
    fusil dieron la alarma, pero yo ya estaba en la terminal de trenes.
    Finalmente llegué a las 2 de la mañana a La Habana, pero en ómnibus. Yo
    nunca había estado en la capital, bueno nunca había estado solo, porque
    vine una vez siendo niño. Preguntando, encontré la base náutica de
    Jaimanitas, contigua a la Marina Hemingway. Le tuve que hacer un cuento
    al custodio, enseñándole mi carné de instructor de arte y haciéndole
    creer que venía a organizar una exposición. Estaba dispuesto a todo.

    Cuando a la mañana siguiente intento entrar a la Marina, ya me estaban
    esperando. Cuando enseñé mi carné de identidad se me abalanzaron y me lo
    quitaron todo. De ahí me llevaron a unas unidades de castigo, donde
    empezaron los interrogatorios.

    P. ¿Te arrepentiste de lo que habías hecho?

    R. Está claro que yo no había medido bien las consecuencias de mis
    actos. A los dos meses, cuando llegaron a la conclusión que no había
    cómplices me trasladaron a una prisión militar en Santiago de Cuba para
    esperar un juicio por las siguientes causas: tentativa de salida ilegal
    del país, tenencia ilegal de arma de fuego, apropiación indebida, daños
    a bienes militares, abandono del servicio de guardia y deserción.

    La suma de las condenas que me esperaban era más de 12 años, pero la
    fiscalía hizo una “petición conjunta” de 8 años. Finalmente la condena
    se quedó en 6 años. En ese momento yo tenía 17 años, cumplí los 18
    estando detenido. Por ser menor primario sin antecedentes, legalmente
    debía haber cumplido solo un año y medio de privación de libertad, pero
    solo me faltaron tres meses para cumplir los 6 años completos.

    P. ¿Cómo fue tu paso por la cárcel?

    R. El 8 de septiembre de 2006 llegué -más bien me llevaron- a la Prisión
    Provisional de Aguadores. Para mí fue un choque, lo que yo quería era
    irme del país y ahora me veía metido en una nave de pollos convertida en
    prisión. Literas de 3 pisos, 200 hombres hacinados donde apenas cabrían
    50, sin agua… Allí estuve unos 6 meses.

    Empecé a mezclarme con los presos políticos, hombres como Ricardo Silva
    y Alexis Rodríguez, gracias a los cuales comencé a leer revistas y
    libros que ni sabía que existían, entre ellos una historia de Cuba. Fue
    el primer libro que leí en prisión. Entonces me llamaron dos agentes de
    la seguridad para reprenderme porque me reunía con ellos. A principios
    del 2007 me trasladaron a la prisión de Mar Verde de Santiago de Cuba,
    que tiene un régimen más severo.

    P. ¿Nunca te acogiste al sistema de reeducación?

    R. El trabajo era para los que se acogían al sistema de reeducación,
    para los confiables, que es la cantera de informantes dentro de la
    prisión. Obviamente, no fui seleccionado para recibir esos beneficios.
    Yo me estaba reeducando, pero a mi manera. Allí conocí a Luís Enrique
    Ferrer, hermano de José Daniel, él fue mi maestro.

    Si bien yo no podía ser considerado un prisionero político, al menos me
    hice un preso politizado, un hombre con conciencia policía. Leí y
    aprendí mucho en esos años, recuerdo entre esos libros Cómo llegó la
    noche, de Huber Matos. Fue detrás de las rejas como me enteré de qué
    eran los Derechos Humanos y cómo se violaban en Cuba. Después de estar
    cinco meses allí renuncié a todo y me declaré en rebeldía, me quité la
    ropa de recluso.

    P. ¿Hubo represalias?

    R. Al principio me dejaron tranquilo hasta que pasé de la etapa
    formativa de leer y educarme a la etapa de empezar a protestar.
    Protestaba por la falta de agua, la pésima alimentación, los
    maltratos… A las dos de la mañana, cuando todo el mundo estaba
    durmiendo, yo comenzaba a meter un discurso que, como había silencio,
    todos escuchaban. Recibía apoyo moral de la mayoría.

    Luis Enrique era mi ejemplo, él daba discursos casi todas las noches.
    Cuando empecé a hacerlo, me quitaron las visitas, entonces hice mi
    primera huelga de hambre que duró 15 días. En la celda de castigo me
    ponían a la vista buenos desayunos y en el almuerzo cosas que nunca
    había visto. Cuando vieron que no cedería me llevaron a otra celda de
    castigo y después a la prisión de Boniato, la de máxima seguridad en
    Santiago de Cuba donde pasé el resto de mi condena. Allí hice otra
    huelga de hambre, también recibí golpizas, me puse plantado y estuve
    mucho tiempo en celdas de castigo.

    P. ¿Tenías contacto con presos políticos en esa nueva prisión?

    R. Allí me hice miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Salí el
    13 de enero de 2012 cuando me faltaban tres meses para cumplir los 6
    años y al salir encontré en la disidencia una nueva familia. Todavía
    tenía la idea de irme de Cuba y por eso me inscribí en el Plan de
    Refugiados que tiene la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba.
    Todo el año 2012 trabajé junto a José Daniel Ferrer. Ya mí mamá se había
    hecho Dama de Blanco y también colaboraba con UNPACU.

    P. ¿Hasta qué momento mantuviste la intención de emigrar?

    R. La primera vez que viaje fuera de Cuba fue en junio de 2013, por 15
    días a Polonia a un evento de la fundación Lech Walesa. Aprendí cómo los
    polacos se habían librado del régimen comunista. Antes de salir a ese
    viaje ya había renunciado al plan de refugiados, pero solicité una visa
    de visita a Estados Unidos. Así que de Polonia fui a Estados Unidos,
    donde pasé poco más de dos meses. Allá me reencontré con Luis Enrique y
    conocí a muchos de la comunidad cubana de la Florida. Luego visité
    Buenos Aires por un evento del Instituto Vaclav Havel, que tiene una
    subsede en Argentina.

    P. Ahora estás estudiando en Puerto Rico ¿Cómo apareció ese curso?

    R. En el viaje anterior a Miami había conocido al ex secretario de
    estado de Puerto Rico Kenneth McClintock, que fue representante a la
    Cámara y vicegobernador del partido Nuevo Progresista. Me propuso ir a
    Puerto Rico por 21 días y allí junto al señor Carlos López Lay,
    presidente de Bella Group International, me organizaron una beca que se
    llama “Jerónimo Estévez Abril”, donde hago un bachiller
    multidisciplinario en empresarismo (NDLR: estrategia para crear un
    tejido empresarial), historia y estudios internacionales. Esto es en la
    Universidad Sagrado Corazón, donde puedo permitirme luego hacer una
    maestría en ciencias políticas o empresarismo. De hecho, ya tengo la
    propuesta firme para cuando concluya la etapa de bachiller.

    P. Esa formación puede hacer un hombre exitoso en cualquier parte del
    mundo. La otra opción es aplicar esos conocimientos para la Cuba del
    futuro. ¿Cómo enfocas eso?

    R. De momento quisiera seguir estudiando. En 5 años, cuando termine la
    maestría, regresaré a Cuba con una mayor preparación. Mi meta sigue
    siendo esa.

    P. ¿Tienes ambiciones políticas? ¿Harías esa labor dentro de la UNPACU?

    R. La UNPACU es hoy un movimiento transitorio y algún día podrá ser un
    partido democrático. Soy optimista, de lo contrario ya me hubiera
    largado para siempre de este país, y me veo en el futuro trabajando para
    Cuba. Sí tengo ambiciones políticas, pero me inclino al trabajo
    diplomático, creo que sirvo para hacer buenas relaciones.

    Source: La cárcel, una escuela política –
    http://www.14ymedio.com/entrevista/carcel-escuela-politica_0_1581441842.html

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