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    Pánico a la información

    Pánico a la información
    La dictadura cubana teme al progreso
    Eugenio Yáñez, Miami | 18/09/2014 1:16 pm

    La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) no es la organización que
    representa a los periodistas ante el gobierno y los órganos de prensa,
    sino la organización que representa al gobierno y los órganos de prensa
    (todos estatales) ante los periodistas.
    Por eso una vicepresidenta de la UPEC pidió recientemente “regulaciones”
    sobre la divulgación de fotos y videos tomados por cubanos de a pie con
    teléfonos celulares. Como, además de vicepresidenta de la UPEC, es
    asidua en la Mesa Redonda de la televisión cubana, es fácil imaginar lo
    que piensa al pedir “regulaciones” y plantear que “la sociedad cubana
    tiene que pronunciarse, tenemos que pensar en leyes y los medios de
    comunicación abrir los espacios para el debate”: está llamando a más
    censura y represión.
    En pleno siglo XXI, con la utilización masiva de celulares en el mundo y
    posibilidades de lograr en tiempo real imágenes de acontecimientos de
    todo tipo en cualquier parte, que los medios de prensa en el mundo se
    desviven por obtener y publicar, una “periodista” al servicio de la
    tiranía quiere impedir que los ajenos a la camarilla del régimen o la
    nomenklatura obtengan y circulen imágenes que al gobierno y al
    departamento ideológico del partido no le interesa que sean conocidas.
    El pretexto de la burócrata para llamar a degüello fue un grupo de
    imágenes tomadas y divulgadas por residentes locales sobre un accidente
    ferroviario que dejó una víctima mortal, del cual la prensa oficialista
    no hizo mención: “…en medio de tan fatídico hecho, aparecieron personas
    con celulares para fotografiar y filmar los destrozos, y luego mostrar
    sin escrúpulos en otros dispositivos o hasta circular por las redes
    sociales”.
    Eso no le gusta. Le encanta la “batalla de ideas” sin contrincantes,
    difamar opositores o periodistas independientes que no puedan
    defenderse, escribir donde no se le responda. Referirse al hundimiento
    del Remolcador 13 de Marzo como “episodios relacionados con la asesina
    Ley de Ajuste Cubano, donde murieron 30 personas, entre ellos 13 niños”.
    Como si las mangueras con chorros de agua a presión o las embestidas
    contra el remolcador fueran obra de una ley americana en abstracto y no
    de un conjunto de esbirros cumpliendo órdenes de la más alta jerarquía
    del régimen.
    A los jenízaros del periodismo oficialista, y de las “instancias
    correspondientes” del partido y el gobierno cubano, le encantan las
    peleas de león contra mono… pero con el mono amarrado, por si acaso.
    La democratización explosiva de la información en Internet, la telefonía
    celular y las redes sociales, lleva la concepción y ejecución del
    periodismo contemporáneo a un plano superior mucho más complejo. Y da
    espacios instantáneos y globales a irresponsables, difamadores y
    mentirosos, al sensacionalismo, el morbo y la mentira, a la sandez, la
    provocación y la tergiversación, la aberración, el disparate y las
    miserias humanas.
    Sin embargo, la solución no será nunca “vender el sofá”. Porque también,
    y mucho más, da la posibilidad infinita de divulgar conocimientos y
    experiencias, y también de conocer verdades que se quieren ocultar,
    hechos que al poder no le interesa divulgar, escenarios que antes se
    ocultaban bajo mantos de silencio.
    Por eso el totalitarismo controla la información y suprime la libertad
    de palabra y de prensa. Lo hizo en el “socialismo real” y lo hace en
    Cuba. Es un constante intento del socialismo del siglo XXI en Venezuela,
    Bolivia, Ecuador, Nicaragua. Y, aunque con menos posibilidades, en
    Argentina.
    Al gobierno cubano no le interesa que se sepa que las Tiendas
    Recaudadoras de Divisas en La Habana Vieja vendieron alimentos vencidos
    a precios rebajados hace pocos días. O las golpizas a las Damas de
    Blanco. O los mítines de repudio contra opositores. O las inmoralidades
    de inspectores y policías contra cuentapropistas. O las aguas albañales
    a orillas de las calles. O la basura que no se recoge. O prisioneros
    políticos en huelga de hambre. O la opulenta vida de los “herederos” del
    régimen. O que los cubanos conozcan noticias, programas televisivos,
    películas, canciones y opiniones que los burócratas-bonzos del
    departamento ideológico del partido comunista consideran inapropiadas.
    Para mantener la ficción de una revolución con abrumador apoyo popular,
    no lo prohíben directamente. Ordenan a una esbirra que presente una
    “preocupación” personal y llame a un debate y a pronunciarse a los
    medios del régimen, para imponer más censura y represión contra los cubanos.
    Mientras el mundo avanza aceleradamente a democratizar la información y
    universalizar el conocimiento, la dictadura cubana, en pánico, quiere
    “debates” y “regulaciones” para limitar las libertades y controlar más
    aun la información que circula entre los cubanos.
    Y a eso, impúdicamente, le llaman “revolución”.

    Source: Pánico a la información – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/panico-a-la-informacion-320254

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