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    Las lágrimas de Raúl Castro

    Las lágrimas de Raúl Castro
    Castro asegura que sólo el fin del embargo normalizaría las relaciones
    con EEUU
    GINA MONTANER – @Ginamontaner
    ACTUALIZADO 29/09/201508:56

    Raúl Castro no pudo ocultar la emoción al finalizar su discurso ante la
    Asamblea General de Naciones Unidas. Tenía motivos para sentirse
    conmovido. Al cabo de 56 años de la instauración del castrismo en Cuba,
    repetía la hazaña de Fidel cuando en 1960 cautivó a no pocos enamorados
    de su recién estrenada revolución en la misma sede. Raúl no posee el
    narcisismo arrollador que su hermano exhibió durante décadas, pero en
    esta ocasión tampoco faltó una atmósfera complaciente entre jefes de
    estado que lo han arropado como si se tratara de un estadista elegido en
    las urnas y no el heredero de una dinastía familiar.Y si alguien ha
    propiciado tal hospitalidad ha sido el propio presidente Obama, poniendo
    el énfasis en el esfuerzo conjunto que él y su homólogo cubano están
    haciendo para que finalmente se levante el embargo. “El cambio llegará a
    Cuba”, ha dicho, pero pide paciencia porque “no ocurrirá de la noche a
    la mañana”. Algo de lo que no tienen duda los cientos de cubanos
    exiliados que protestaban en las inmediaciones del edificio de la ONU.
    Obama no tiene prisa porque en el tramo final de su mandato lo que más
    le importa es que en los libros de historia lo recuerden como el
    presidente de la política de ‘détente’ con viejos enemigos. Su ‘tempo’
    es muy distinto al de los expresos políticos, la viuda del disidente
    Oswaldo Payá o los manifestantes que en la calle se solidarizaban con el
    grafitero Danilo Maldonado, El Sexto, encarcelado sin juicio desde hace
    nueve meses por intentar celebrar un ‘performance’ en un parque de la
    Habana. El delito de El Sexto fue pretender exhibir dos cerditos con los
    nombres de Fidel y Raúl pintados sobre el lomo. El artista ha iniciado
    una huelga de hambre y pasa los días en una celda de castigo.Indiferente
    a quienes afuera lo llamaban tirano y pedían democracia para Cuba, en el
    hemiciclo de la ONU Raúl se crecía porque el tiempo le ha dado la razón:
    se puede proclamar sin el menor sonrojo que “los derechos humanos son
    una utopía” y lamentarse de que se “distorsionen su promoción y
    protección”, arrancando encendidos aplausos. Y se puede asegurar que
    solo el fin del “bloqueo” garantizará la normalización de relaciones
    entre Washington y la Habana, porque nadie le ha exigido que la
    condición ‘sine qua non’ es una transición con plazos para enterrar el
    castrismo y dar paso a la legalización de partidos políticos. El
    lagrimeo de Raúl tras pronunciar el trillado discurso de un régimen que
    culpa a los otros de su fracaso estrepitoso sólo puede tener dos
    explicaciones: que ya está mayor y, como le sucede a muchos ancianos,
    tiene los sentimientos a flor de piel. O, y me inclino por esto último,
    que se ha llegado a creer las mentiras que Fidel y él han propagado.
    Rodeados de aduladores adormecidos por el cloroformo de la represión,
    los hermanos Castro han vivido sin rendir cuentas ni pagar por los
    crímenes cuya autoría no reconocen. Y ni siquiera en la ONU, donde
    deberían producirse abucheos cuando los dictadores suben a la tribuna,
    nadie señala con el dedo al emperador desnudo.Durante la reciente visita
    del Papa a Cuba, el ex presidente de la Asamblea del Poder Popular,
    Ricardo Alarcón, dijo que no había razón para que alguien tan importante
    como el sumo pontífice se reuniera con gente sin importancia como los
    disidentes. Sus palabras destilan el desprecio del capataz frente a los
    esclavos. Lo aprendió de sus amos. Paradójicamente, las lágrimas de Raúl
    Castro son la prueba de su infinita desfachatez.

    Source: Las lágrimas de Raúl Castro | Estados Unidos | EL MUNDO –
    http://www.elmundo.es/internacional/2015/09/29/560a330bca474109418b4577.html

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