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    El interminable calvario de Lázaro Marquetti

    El interminable calvario de Lázaro Marquetti
    Su situación empeoró cuando comenzó denunciar los horrores de prisión
    Viernes, julio 22, 2016 | Ernesto Santana Zaldívar

    LA HABANA, Cuba.- Lázaro Marquetti Cao, de 42 años, lleva 26 de ellos
    preso sin haber matado a nadie. Hace tiempo debió haber recibido la
    libertad condicional y ha estado en decenas de establecimientos
    penitenciarios de todo el país. Las autoridades llevan años diciéndole
    que su caso se encuentra “en estudio”.

    Su familia está segura de que hubiera salido hace tiempo de no ser por
    protestas y denuncias sobre las condiciones de vida de los presos que
    hizo ante organismos internacionales, algunas de ellas a través de
    Cubalex, el centro independiente de información legal, lo que ocasionó
    que lo trasladaran a reclusorios alejados de La Habana y endurecieran
    sus condiciones de internamiento.

    Problemas de conducta

    Marquetti nació con una lesión cerebral —a consecuencia de una
    enfermedad que padeció su madre durante el embarazo— y en la escuela
    primaria confrontó tantos problemas de disciplina que fue trasladado a
    escuelas cada vez más severas para niños con problemas de conducta, pero
    él continuaba siendo conflictivo. Lo llevaron entonces para un centro de
    reeducación de menores, “El Combinadito”, junto al Combinado del Este.

    Desde las escuelas de conducta, ya Marquetti había conocido la violencia
    generalizada como método de reeducación. Cuanto más fuerte era el niño,
    más fuerte debía ser golpeado. Entre los militares que los cuidaban
    había uno muy violento llamado Ernesto Yima, del que se dice violó a un
    menor y luego se ahorcó, porque los casos de violación eran frecuentes.

    Adolescencia difícil

    Lázaro Marquetti tenía 16 años cuando, en 1990, él y otros 13
    adolescentes fueron reunidos en un teatro y, en presencia de fiscales y
    abogados, se le informó a cada uno cuántos años de condena recibía,
    arbitrariamente, por el “delito de peligrosidad”. De inmediato fueron
    trasladados para el Combinado del Este, donde los repartieron entre
    presos adultos.

    Sus dificultades se agravaron: sostuvo riñas con otros reos y recibió
    palizas de los guardias. Fue trasladado a un centro para menores en
    Melena del Sur, donde un jefe llamado Evangelio acostumbraba a lanzar a
    los presos desde un primer piso y los custodios golpeaban con varas de
    bambú. Allí llegó a recibir golpizas de ocho guardias al mismo tiempo,
    algo “normal”.

    Había celdas de castigo tapiadas tan escondidas que ni los inspectores
    las veían. En una de ellas, aún con 16 años, pasó seis meses. Luego
    estuvo en un centro de alto rigor para sanciones mayores, donde por su
    edad no debía estar y donde fue encausado tres veces por lesiones.

    Denunciando lo que vivido

    Entre los problemas, abusos y crímenes que Lázaro Marquetti Cao ha
    denunciado sobre el sistema penitenciario, según ha atestiguado sus años
    en tantas prisiones del país, se encuentra la corrupción de los
    militares. Con dinero se puede entrar cualquier cosa al penal, se pueden
    comprar uniformes de oficiales y un reo puede hasta hacer que trasladen
    del centro a otro preso que lo moleste.

    También ha denunciado la alta ocurrencia de suicidios, las terribles
    mutilaciones que realizan los reos sobre sus propios cuerpos, el uso
    corriente de drogas ilícitas, el hacinamiento inhumano, la pobre
    alimentación y el excesivo uso de la fuerza y las golpizas practicadas
    por los custodios.

    Por ejemplo, en la provincia de Villa Clara, cuando fundaron “La
    Incrementada”, una de las prisiones más severas del país, sobre el año
    2006, hubo unos ocho suicidios en los primeros meses. El preso no podía
    ni acostarse, hostigado constantemente por un guardia. Y lo mínimo que
    se pasaba allí eran dos años, pero podían ser cinco o seis si el reo no
    era desclasificado.

    En una ocasión, un periodista internacional le preguntó si en la prisión
    había problemas. Marquetti le dijo que, si podía entrar, le preguntara
    directamente a los reclusos, que no dejara que le designaran un grupo ya
    preparado, porque las inspecciones siempre se avisan, y esos presos
    elegidos serían luego beneficiados. Además, los que golpean a los
    opositores, voluntariamente o siguiendo órdenes, son siempre recompensados.

    Denunció también que en muchas ocasiones el convicto, como no tiene
    quién lo defienda, para protestar o hacer una reclamación, no tiene otro
    recurso que la huelga de hambre. El propio Marquetti ha realizado varias
    en sus años de reclusión. Si la situación se torna crítica, acuden los
    fiscales, pero hacen un trabajo siempre superficial.

    En Camagüey llegó a conocer al teniente coronel Filiberto, jefe de Kilo
    7, quien ordenó privar de agua a Orlando Zapata Tamayo durante más de 15
    días, principal causa de su muerte. Ese es uno de los procedimientos que
    se usa para que el preso desista. Algunos se rinden pronto, pero otros
    no y quedan muy enfermos. Incluso algunos pierden la visión.

    Marquetti también denunció la falta de calidad de la atención médica y
    la pobre ética de la mayor parte de los trabajadores de la salud en el
    sistema penitenciario, donde, además, los médicos no tienen autoridad
    siquiera para hacer cumplir una dieta alimentaria a un recluso. Peor
    aún, también se prestan a abusos y procedimientos ilegales contra el reo
    para complacer a los militares.

    Las consecuencias

    Una vez, Marquetti Cao fue internado en la sala de psiquiatría del
    Combinado del Este después de haber intentado denunciar ante los peritos
    un hecho del que fue testigo. Un “loquito” que mortificaba mucho a los
    guardias fue amarrado “para que no se ahorcara”, y sin embargo amaneció
    ahorcado. Cuando Marquetti intentó declarar, le inyectaron algo que le
    hizo perder el conocimiento y lo ingresaron durante cinco meses.

    Si algún reo se comunica telefónicamente con Cubalex, por ejemplo, para
    hacer alguna denuncia, siempre es reprimido. Por lo menos lo ofenden y
    lo amenazan, aparte de impedirle continuar la conversación.

    Luego de las denuncias de Marquetti Cao ante la Christine Chanet, de la
    Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
    Humanos, y ante Santiago Cantón, de la Comisión Interamericana de
    Derechos Humanos, fue trasladado a centros penitenciarios muy alejados
    de La Habana, perdió la mayor parte de los casi 700 días de rebaja de
    condena ganados por buena conducta y fue confrontado por diversos
    oficiales, incluso de la Sección 21 de la Seguridad del Estado, uno de
    cuyos agentes le aseguró que lo que él había declarado era cierto, pero
    que “esas cosas no se podían decir”.

    Actualmente, Lázaro Marquetti, a consecuencia de las golpizas sufridas,
    padece de sordera en el oído izquierdo, de desprendimiento de la retina
    en un ojo y de otros males orgánicos. Afortunadamente, trata de cuidarse
    lo más posible: no fuma ni consume ningún tipo de bebida alcohólica y
    practica ejercicios dentro de sus posibilidades.

    En este momento, Marquetti se encuentra con régimen penitenciario menos
    rígido, trabaja en un almacén y recibe pases para visitar a su familia
    —madre, hermanas y sobrinos—, que vive desde hace muchos años en un
    miserable albergue en 24 y Playitas, en el Lawton más profundo y
    menesteroso, pues la casa donde vivían en Luyanó se derrumbó.

    Asimismo, espera por la libertad condicional que debieron otorgarle hace
    más de dos años.

    Source: El interminable calvario de Lázaro Marquetti | Cubanet –
    www.cubanet.org/actualidad-destacados/el-interminable-calvario-de-lazaro-marquetti/

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