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    El opositor

    El opositor
    José Daniel Ferrer es el líder más visible del anticastrismo en la isla
    PABLO DE LLANO
    Miami 21 AGO 2016 – 21:38 CEST

    El opositor cubano José Daniel Ferrer, en Miami KEKO ABRAHAM
    Los anfitriones de José Daniel Ferrer en Miami son un matrimonio de
    ancianos que se exiliaron cuando Fidel Castro conquistó el poder en
    Cuba. Él es un octogenario con expresión de granuja y ella una temerosa
    católica que tiene en el salón un belén de cuatro metros de largo. Él
    dice que no piensa volver a Cuba antes de dejar este mundo, porque le
    guarda un enorme rencor al régimen, pero lo que sí le parece del todo
    imposible, más que volver a pisar su tierra, es que algún día se decida
    a desmontar el belén de su esposa.

    Las persianas están bajadas. Afuera brilla el sol y el calor ahoga.
    Ferrer llega una hora tarde tras someterse a una exploración gástrica
    para evaluar los problemas que, según le ha dicho el médico, le provoca
    el estrés. El líder opositor más activo de Cuba es un hombre corpulento
    de 1,88 metros y con más presencia de militar que de político, aunque de
    trato cordial. Con el efecto de la anestesia difuminándose, se suelta a
    hablar en el ambiente fresco y umbrío de esta sala de estar de Florida.
    Y Ferrer no es sintético. Es cubano.

    Todo empezó, como han empezado tantas cosas en Cuba, con un gallego.
    José García, un soldado republicano nacido en Asturias pero criado en
    Galicia, que se fue de España con el triunfo de Franco y al llegar a la
    Perla de las Antillas hizo dos cosas que solían hacer los gallegos:
    casarse con una gallega y ponerse a ahorrar. Montó una bodega en una
    mina del Oriente cubano y cuando comenzó, justo en esa zona, la
    guerrilla contra Batista, el bodeguero decidió ayudar a los rebeldes con
    dinero, comida y hasta algunas armas, cuenta Ferrer de su abuelo materno.

    Un día, un jeep del Ejército se quedó atascado en el barro cuando iban a
    detener a José García y un campesino corrió a avisarlo.

    –Gallego, los guardias vienen a por ti.

    “Y en cuestión de minutos”, relata su nieto, “coge un revólver 38,
    dinero que tenía en la caja de la bodega y se va para el monte, hasta
    llegar al campamento que dirigía Tomassevich”. “Ahora no recuerdo los
    apellidos del líder guerrillero este”. Se detiene. “Vamos a salir de dudas”.

    –¡Tony!

    –¿Qué? –responde el viejo desde la otra habitación.

    –¿Cómo se llamaba Tomassevich?

    –Raúl Menéndez Tomassevich.

    –Raúl Menéndez Tomassevich. Gracias.

    Cuando termina la lucha, el gallego vuelve a la bodega. En 1961 oye que
    Fidel Castro declara que la Revolución es socialista y José García, al
    que nunca le había gustado el comunismo, se siente frustrado. Envejece
    amargado y criticando al sistema, hasta que se derrumba cuando le
    intervienen la tienda y se vuelve alcohólico. Muere en 1974. Su nieto
    tenía cuatro años.

    “Entonces, yo me crío en un hogar donde todo el tiempo se está hablando
    mal del régimen”, explica. “Con un poco de exageración incluso. Si yo,
    por ejemplo, decía algo elogioso de los rusos, mi padre decía: “Qué
    rusos de qué cosa. Fueron unos cobardes. Un alemán le caía a patadas a
    seis rusos”.

    Eso en casa. Fuera no. Ferrer se quedó incrédulo un día que llamaron a
    su padre de la escuela para preguntarle por qué su hijo decía las cosas
    que decía y su padre respondió: “Yo no sé de dónde este muchacho saca
    esas cosas. Yo voy a averiguar, yo voy a investigar quién”, recalca, a
    punto de abofetear al pronombre, “quién le dice esas cosas a este muchacho”.

    El opositor tiene una voz cavernosa. Líder de la ilegal Unión Patriótica
    de Cuba (Unpacu), afirma que su principal virtud es que no tiene “otra
    intención que la democratización de Cuba” y su defecto “la severidad a
    la hora de juzgar el comportamiento de mis hermanos de la oposición”, ya
    que opina que muchos son demasiado pasivos o hasta “fraudes que dañan la
    lucha”.

    Llega el sonido de la televisión de la otra habitación. Canales de Miami
    en los que se repite: “Cuba”, “cubano”, “cubanos”, “Cuba”, “cubanos”.

    –¿Qué conservaría de la Revolución?

    –Siempre caemos en la trampa de decir: “La salud y la educación
    universales”, pero no. Hay otras naciones que tienen salud y educación
    para todos, de calidad, sin haber tenido que perder sus derechos
    fundamentales.

    A los 17 años dejó los estudios y cuando le tocó ingresar en el servicio
    militar pidió como destinos Angola o Guantánamo. “Me había hecho la loca
    idea de que en Guantánamo podría pasarme a la Base Naval de Estados
    Unidos, o desertar del Ejército cubano en Angola y unirme al bando de
    Jonas Savimbi, sin saber hablar inglés o portugués para comunicarme con
    ellos”.

    Pero lo asignaron a una unidad cerca de su pueblo. Su nuevo plan fue
    convertirse en un alumno modelo para solicitar una estancia de formación
    en Europa del Este y saltar de un país comunista “a Occidente”.

    Ferrer emplea conceptos antiguos, como “el Mundo Libre”, que todavía no
    han envejecido del todo en su mundo, del que salió por primera vez en
    mayo para hacer una gira internacional a sus 46 años de edad. Preso
    político desde 2003 a 2011, y hasta la fecha en libertad condicional, el
    Gobierno cubano le ha concedido un permiso de viaje “de carácter
    excepcional”.

    Al final olvidó su plan de Europa del Este. Al enterarse de que el campo
    soviético se estaba desmoronando, pensó que en Cuba sería igual: “Me
    animé de tal manera que me salí del servicio militar, renuncié a la
    Unión de Jóvenes Comunistas y decidí romper con el sistema y empezar a
    hacer oposición”.

    Reconoce que siempre ha sido optimista; “tal vez demasiado”.

    En Cuba no hubo cambios y llegó la hambruna. Él vivía cerca de un
    embalse y, según narra, organizó un grupo de pescadores que eludía con
    éxito la prohibición de la pesca comercial. “Hasta el delegado del Poder
    Popular pescaba clandestino con nosotros”, dice. Con algunos ahorros
    compraron máquinas de escribir y se pusieron a difundir noticias del
    extranjero que oían en emisoras de onda corta. La policía se enteró y lo
    avisó de que acabaría en la cárcel, pero Ferrer continuó. En 1997,
    cuando deja la pesca para centrarse en la disidencia, se dice: “A esto
    no le quedan ni seis años de vida”. Y falla.

    En 1999 se une al Movimiento Cristiano de Liberación de Osvaldo Payá. Lo
    nombran coordinador de su provincia, Santiago de Cuba, y se dedica a
    reclutar activistas, sobre todo masones y católicos. Por entonces Ferrer
    era miembro de una logia y catequista de su parroquia. Hoy se define
    solamente como masón y su organización, la Unpacu, tiene según sus datos
    más de 3.000 militantes, la mayoría en el Oriente, apenas un puñado en
    La Habana.

    Afirma que la represión a los opositores sigue siendo intensa. “Están
    usando detenciones de menor duración pero muy violentas. La golpiza está
    siendo su herramienta fundamental. El régimen es muy pragmático y sabe
    que encarcelar activistas le resulta muy costoso en su imagen ante el
    mundo”.

    Ferrer calcula que en Cuba puede haber unos 6.000 disidentes activos.
    “Muy pocos todavía”, asume. Él defiende un modelo de confrontación
    política no violenta en las calles, asistencia proselitista a los más
    pobres y divulgación adaptada a los nuevos tiempos. “El que piense que
    vamos a motivar al pueblo escribiendo artículos solamente está
    equivocado. Hay que filmar y hacer vídeo para animar a la gente y
    mantenerla con el deseo de hacer algo”. El producto estrella de la
    limitada factoría audiovisual de la Unpacu es la pesadilla inimaginada
    de la izquierda musical del siglo XX: el reguetón protesta. En discos y
    memorias distribuyen temas de músicos de barrio que en vez de letras
    calientes cantan títulos como Grito de paz o Abajo quien tú sabes. Su
    líder, muy activo en las redes sociales, colgó hace poco en Youtube un
    estrambótico vídeo titulado José Daniel Ferrer y la vía armada. Con su
    corte de pelo castrense, aparece en una tranquila calle residencial de
    Miami con un fusil de asalto y el dedo en el gatillo para, después de un
    personal circunloquio, aclarar que es un arma de juguete y defender “la
    vía pacífica” de oposición.

    La Unpacu se financia principalmente con 5.000 dólares mensuales de la
    Fundación Nacional Cubano Americana, el lobby anticastrista del exilio
    creado por el fallecido Jorge Mas Canosa. Un grupo de estirpe derechista
    y promotor a ultranza del embargo que, según Ferrer, se ha moderado
    hasta el punto de que “hoy el propio Mas Canosa apoyaría a Obama”. El
    opositor, que se considera liberal con el componente igualitario de la
    socialdemocracia, defiende la política de acercamiento del presidente de
    Estados Unidos y no es partidario del bloqueo económico a Cuba, pero
    reclama de Washington y de la Unión Europea una postura “abiertamente
    crítica” frente a la represión.

    El día de la entrevista, en la isla estaban en huelga de hambre 15
    miembros de su organización y Guillermo Fariñas, otro opositor relevante
    que tiene su propio grupo. Hoy el único que no la ha abandonado es Fariñas.

    –¿Cree que en su país habrá una transición democrática?

    –Mientras vivan Fidel y Raúl Castro no van a facilitar la transición de
    ninguna manera, y los que tengan cierta mentalidad reformista se lo
    guardan muy bien. Ya con Raúl de retiro veo un escenario en el que las
    presiones de la oposición, lo que logren influenciar Estados Unidos y la
    Unión Europea y lo que el pueblo de una u otra manera vaya forzando a
    que suceda, pueden dar lugar a que ellos se vayan moviendo más rápido
    hacia una mayor apertura.

    –¿Piensa que en un futuro trabajarán juntos ellos y ustedes?

    –Por supuesto, sería imposible reconstruir Cuba desechando a todos los
    funcionarios del régimen. Creo que para esa transición hay que pensar en
    tres partes fundamentales: los mejores, o mejor intencionados del
    sistema, los de la oposición interna y los del exilio, y luego que
    decida el voto del pueblo.

    En su gira, Ferrer ha estado en Washington, Nueva York, Nueva Jersey
    –“Allí me donaron 6.200 dólares en una sola noche”–, Boston, Houston,
    Austin, San Juan de Puerto Rico, Ginebra, Estocolmo, Madrid, Bruselas,
    Praga y hasta en Gdansk, Polonia, donde se entrevistó con Lech Walesa,
    cita que la web de su organización recogió con el encabezado: José
    Daniel Ferrer, líder de las Gloriosas fuerzas pacíficas de Unpacu, sigue
    triunfando por todo el planeta. Pronto volverá de Miami a Cuba, donde
    asegura que le esperará una “vigilancia total”, pero en ningún caso
    problemas de entrada. “Si me regresan me hacen el favor del siglo”,
    dice. “¿Sabes por qué? Porque entonces llegaría a Miami, convencería
    rápidamente, y confío en mi capacidad de convencer a una persona para
    causas justas, a alguien que me ayude a comprar una lancha con motor
    fuera borda y entraría lo mismo por La Habana, por el Malecón, que por
    Oriente y diría: “Estoy aquí porque me da la gana de estar aquí””.

    –¿Ese es un plan real?

    –Sí, sí, lo he pensado. Siempre lo he pensado. Yo lo haría.

    –¿Iría sólo?

    –Bueno, no si logro convencer a alguien, pero ya eso es más difícil. Te
    diría que es más fácil conseguir tres lanchas fuera borda que tres
    cubanos que vivan en Miami y que quieran regresar conmigo a Cuba.

    Source: El opositor | Internacional | EL PAÍS –
    internacional.elpais.com/internacional/2016/08/19/america/1471605585_624510.html

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