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    La oposición y su revolución de octubre

    La oposición y su revolución de octubre
    El Directorio Democrático Cubano se lanza a impedir lo que ya ocurrió:
    “la sucesión dinástica de los Castro”
    Alejandro Armengol, Miami | 22/09/2016 11:03 am

    Al parecer la oposición cubana está empecinada en la que considera su
    mejor arma para poner fin al régimen castrista: celebrar reuniones y
    encuentros. Por supuesto, hay que añadir que el exterior. Y algunos, que
    desde hace décadas tienen bien establecido el negocio, de las supuestas
    protestas en Cuba y las reales subvenciones en Miami, se encargan de
    organizar estas demostraciones que no llegan a parte alguna, pero sirven
    para colocar en la prensa algún nombre que nunca debe olvidarse, en la
    lista de financiamiento.
    Ahora le toca el turno a Orlando Gutiérrez, director del Directorio
    Democrático Cubano, quien explicó a la agencia Efe que Cuba atraviesa un
    “momento coyuntural que ofrece una oportunidad para el cambio”, en un
    momento en que el “régimen intenta la sucesión dinástica de los Castro”
    y las “fuerzas de la resistencia en la Isla están creciendo”.
    Un momento, pero alguien se durmió en medio de la parrafada. Porque eso
    de la sucesión ya ocurrió, el que las fuerzas de la oposición estén
    creciendo desgraciadamente no es cierto y la llamada “disidencia” cada
    vez es más conocida por las aeromozas y menos por los cubanos.
    Aunque el remedio a todo ello está cerca, según Gutiérrez. El exilio
    cubano reunirá el próximo 11 de octubre en Miami a legisladores,
    artistas y activistas de dentro y fuera de Cuba para reclamar la unidad
    de la comunidad en una “nueva etapa de lucha” que lleve a un “cambio
    real” en la Isla, según encabeza Efe la información. Nada, que la cosa
    lleva música adentro.
    El acto “Todos por Cuba Libre” servirá para galvanizar la repulsa de la
    comunidad a una “transición cosmética” en Cuba y exigir un “cambio
    real”, cimentado en la “salida de la dinastía castrista del poder y la
    plena restitución de las libertades”, dijo Gutiérrez.
    Una encrucijada que, opinó el activista, se debe aprovechar para
    promover un cambio real acompañado del “inicio de un proceso político
    abierto que lleve a unas elecciones libres en el país”.
    Lo del “proceso político abierto” y las “elecciones libres” no se
    explica en el cable de Efe, pero no hay que preocuparse: todo ello se va
    a lograr con un acto en Miami. Cualquiera que piense que los problemas
    de Cuba se resuelven dentro de la Isla debe acudir a ese evento. Allí le
    explicarán el porqué del asunto, y a lo mejor con suerte le regalan
    alguna de las varitas mágicas que van a sortear.
    Claro que la competencia es fuerte. Se trata, nada más y nada menos, que
    de una coalición de cerca de una treintena de grupos del exilio. Nadie
    ha dicho, por otra parte, cuántos miembros tiene cada uno de esos grupos.
    El problema con todos estos intentos de algarabía es que lo único que
    hacen es ridiculizar al movimiento que representan. Quedarse callado
    ante ello, o esgrimir burdamente que denunciar estos aquelarres es
    ponerse del lado del régimen de La Habana, es simplemente confundir la
    imaginación y los buenos deseos con la realidad.
    Desde hace décadas se celebran reuniones de este tipo sin resultado
    alguno. Negar este hecho es empeñarse en una actitud de avestruz que
    puede resultar cómoda o brindar satisfacción emocional, pero más nada.
    Por lo demás, lo único que se pretende con estos actos es “sonar un
    poco”, “mantenerse en el candelero”, conservar el turno en la fila de
    reparto del dinero de los contribuyentes estadounidenses.
    Un poco de seriedad
    La relación entre el exilio de Miami y la actual oposición en Cuba
    requiere de un análisis que contenga, pero no se limite a la efectividad
    dentro de los intentos por lograr la democracia en la Isla, y en primera
    instancia una mejora de los derechos humanos.
    Medir el avance de esta oposición —que incluye formas y objetivos
    diversos dentro de una actitud general de rechazo al régimen— por los
    cambios que, gracias a ella, ha experimentado la sociedad cubana en los
    últimos años, es abordar el problema con una visión parcial.
    En primer lugar, por el hecho de que muchos de estos cambios no son
    debidos a la oposición, sino puestos en práctica en un desarrollo
    paralelo a esta. En segundo porque esa misma oposición, que reclama su
    participación para lograr estos cambios, al mismo tiempo los disminuye o
    desestima, al catalogarlos de “cosméticos”, dentro de una retórica que
    le es necesaria para justificar su presencia y financiamiento por parte
    de Washington.
    La oposición debería admitir que, aunque sea de forma parcial, algunas
    de sus quejas anteriores ya han sido resueltas: liberación de los
    prisioneros de la “Primavera Negra”; posibilidad de entrar y salir del
    país, eliminación del bloqueo a blogs y sitios en Internet
    (CUBAENCUENTRO sigue siendo una excepción); ampliación del trabajo por
    cuenta propia y el permiso a la contratación de personal por empleadores
    privados en determinadas categorías.
    Pero si se reconoce una palpitación, por limitada que sea, en la
    situación cubana actual, también hay que admitir los cambios ocurridos y
    el nuevo panorama, y dejar atrás un discurso caduco como el que esgrime
    el Directorio Democrático Cubano, una organización fantoche que se
    caracteriza por una retórica complaciente en especial con los
    legisladores republicanos de origen cubano, quienes siempre la han
    apoyado a la hora del reparto de fondos.
    Pero más allá del desempeño del Directorio, y desde otras organizaciones
    y apoyos —la oposición cubana recuerda a las marcas de refrescos, que se
    parecen en el sabor de sus productos, pero compiten por la clientela— se
    repite el mecanismo de alegar logros y mantener invariable el discurso.
    Por ejemplo, el opositor Guillermo Fariñas habló de uno de sus “logros”
    tras su recién fracasada huelga de hambre y agua. Sin embargo, es dudoso
    que quienes apoyan y creen en lo que dice el opositor incorporen a su
    lenguaje lo por él planteado.
    Dijo Fariñas en una entrevista a la Deutsche Welle (DW) que en la
    actualidad habían cesado las “golpizas” a las Damas de Blanco: “según me
    han hecho saber mis hermanos opositores y las hermanas de las Damas de
    Blanco, incluso la represión se ha suavizado, pues mayormente, al menos
    por ahora, se producen las detenciones, pero no las golpizas masivas que
    sufrían antes”.
    Así que, de acuerdo a lo manifestado por Fariñas, en estos momentos no
    es válido recurrir al mantra de las “golpizas”, cuando se aborda la
    labor de las Damas de Blanco. Aunque es de dudar que en el evento del 11
    de octubre en Miami no se vuelva a repetir el argumento de las Damas de
    Blanco “arrastradas y golpeadas”, tan común, por ejemplo, en las
    declaraciones de los políticos republicanos que al parecer participarán
    en el encuentro. Algo que por otra parte también argumentan los
    legisladores demócratas con iguales intereses, pero desde el partido
    contrario.
    Candil de la calle y oscuridad de su casa
    Por encima de estos aspectos, hay otro que no por evidente deja de
    contener una serie de aristas polémicas al tomarlos en consideración: la
    oposición cubana se define no solo en su circunstancia insular sino en
    su relación internacional.
    Para opositores y exiliados, la forma más fácil de resolver esta
    cuestión es argumentar que, a mayor apoyo internacional, más pierde en
    prestigio el régimen castrista; mayor protección tienen quienes son
    reprimidos arbitrariamente dentro de la Isla —ya sea mediante
    detenciones temporales, actos de repudio y acoso, entre otros medios— y
    también aumentan las posibilidades de la condena del régimen en los
    foros internacionales.
    Sin embargo, este argumento contiene puntos débiles, que dificultan sea
    esgrimido sin la menor duda, salvo cuando obedece a motivos políticos
    elementales.
    Por demasiadas décadas, la sustentación de los vínculos económicos del
    régimen ha estado edificada sobre fundamentos que no guardan relación ni
    con la democracia ni con los derechos humanos, sino con factores
    gubernamentales en donde este factor ocupa un lugar secundario o no se
    toma en cuenta. Por ejemplo, los opositores a los que apoya el
    Directorio se definen especialmente por su apoyo al embargo. Aunque el
    embargo estadounidense puede ostentar un récord de permanencia, pero
    poco que alegar en cuanto a efectividad.
    Así que, en última instancia, los logros de la oposición y el exilio en
    este terreno se limitan en muchos casos a la obtención de gestos, que
    también pueden ser catalogados de cosméticos.
    Lo anterior no debe llevar a desconocer u opacar lo que sí constituye el
    mayor logro de esa oposición pacífica en la esfera internacional, y es
    la denuncia de los atropellos que a diario comete el régimen de La
    Habana. Aquí sí ha ido en aumento la eficacia opositora —en parte al
    aumento de quienes se dedican a esta actividad y en parte gracias a los
    avances tecnológicos.
    Como en lo fundamental el otorgamiento de la categoría opositora viene
    dictado no solo por la labor en sí, sino por lo que determinan La Habana
    y Washington, los parámetros para medir la efectividad en muchos casos
    son ajenos a una incidencia dentro de la situación en la Isla, y
    responden más bien a una repercusión externa.
    Raúl Castro ha logrado un difícil equilibrio entre represión y reforma.
    Lo ha hecho dilatando la segunda y modificando la primera sin que pierda
    su naturaleza de mantener el terror. Que ese avance se deba a
    circunstancias específicas no disminuye el hecho de que sea real.
    Esta situación de transformación limitada en la Isla —con ciertas
    modificaciones económicas decretadas por un gobierno que en Miami se
    detesta y rechaza, pero contra el cual puede hacer poco— presenta un
    nuevo problema para el llamado exilio de “línea dura” de esa ciudad:
    ¿cómo responder a una situación cada vez más alejada de la ideología que
    la sustentó durante tantos años y que se sostiene con el apoyo de las
    circunstancias del momento?, ¿cómo hacer frente al sainete, que ha
    resultado tan exitoso como la epopeya?
    Entonces todo queda reducido en la incorporación de nuevos elementos al
    viejo ejercicio de vender la ilusión, que en Miami ha resultado en
    buenos dividendos económicos para unos pocos. Poco cabe esperar que la
    reunión de octubre sea algo distinto al mismo juego, que desde hace
    décadas funciona muy bien en esa ciudad, pero muy mal en Cuba.

    Source: La oposición y su revolución de octubre – Artículos – Opinión –
    Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-oposicion-y-su-revolucion-de-octubre-326731

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