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    Un hijo putativo de Juvenal

    Un hijo putativo de Juvenal
    El periodista Jorge Dávila Miguel se las da de escritor satírico
    Lunes, septiembre 19, 2016 | René Gómez Manzano

    LA HABANA, Cuba.- El pasado jueves viajé a Santa Clara para visitar al
    licenciado Guillermo Fariñas. Acababa de terminar su más reciente huelga
    de hambre y sed. Me alegró verlo bastante recuperado, aunque aún débil.
    Resultaba notabilísima la diferencia con el estado que observé en él
    durante nuestra entrevista anterior, cuando todavía mantenía su negativa
    a ingerir alimentos o líquidos.

    Con esos antecedentes, es razonable que me haya producido irritación la
    lectura, en El Nuevo Herald del viernes, de un artículo del señor Jorge
    Dávila Miguel, que califica la mencionada protesta cívica como un
    “sainete” y un “esperpento”. El título es larguísimo: “Europa, Fariñas y
    por dónde le entra el agua al Coco”. El trabajo posee méritos sobrados
    para ser publicado en el Granma. Si tal cosa no llegara a ocurrir, sería
    porque los castristas no desean mencionar al líder villareño, ni
    siquiera para calumniarlo.

    La intención burlesca se pone de manifiesto no sólo en el nombre del
    trabajo. Ella también se trasluce en los párrafos iniciales, que narran
    hipotéticas conversaciones telefónicas entre cubanos de Miami y
    funcionarios de la Unión Europea. El mismo autor, con más pretenciosidad
    que exactitud, califica esa fabulación como “una sátira”.

    La principal acusación de Dávila contra El Coco es que éste sigue vivo
    (“Fariñas canceló su huelga número ¿25? sin que Raúl Castro cumpliera lo
    que le exigió y también sin morirse”, escribe). Si sólo merecen su
    respeto las protestas cívicas que tienen ese fatal desenlace, entonces
    el escribidor desperdició una excelente oportunidad para recordar a
    mártires como Pedro Luis Boitel u Orlando Zapata.

    Pero Don Jorge no parece estar mayormente interesado en confrontar al
    régimen castrista. De hecho, no lo hace en este trabajo, aunque las
    circunstancias concurrentes daban amplio margen para ello. Prefiere
    hacer una tajante afirmación con la que cree prevenir cualquier ulterior
    debate: “Nadie vive 54 días sin tomar agua”, asegura.

    En el contexto existente, la afirmación es mendaz. Un periodista que
    respete a sus lectores (y, de paso, a sí mismo), se documenta antes de
    abordar un tema determinado. Si el señor Dávila Miguel hubiese obrado de
    ese modo, sabría que, con ocasión de cada desmayo que sufría Fariñas,
    sus seres queridos lo llevaban a un hospital, donde le pasaban litros de
    sueros.

    Por esa vía intravenosa era hidratado y, de paso, recibía alimentos. En
    esas circunstancias sí pudo El Coco sobrevivir sin ingerir agua los 54
    días, igual que lo hizo —aunque durante 135— en su huelga precedente.
    Por eso es que la terminante aseveración de Dávila, en el contexto de
    los hechos reales, se convierte en una mentira.

    Tampoco contiene toda la verdad la aserción que hace al terminar su
    “sátira”: “Varios medios de prensa publicaron dos noticias, que nunca
    confirmaron y eran falsas”. La información de la que Don Jorge priva a
    los lectores del Herald es vital: Los datos mentirosos aparecían
    colgados en más de una docena de sitios-web (en diferentes idiomas) que
    pertenecían supuestamente a la Unión Europea.

    A mayor abundamiento, conocí de labios de Fariñas y sus colaboradores
    que un extranjero, asistido de un traductor, se hizo pasar por el señor
    Schulz, actual presidente del Parlamento de ese bloque continental. En
    otras oportunidades, quienes llamaron a casa del Coco fingieron ser
    secretarios ejecutivos del alto funcionario.

    Todo esto (en especial lo colgado en Internet) era del conocimiento de
    los colegas de Dávila a quienes éste descalifica. Afirmar que ellos
    “nunca confirmaron” las noticias, es una verdad a medias, que en este
    caso es lo más parecido a otra mentira. ¿Para qué corroborar una
    información que parece haber sido publicada en el sitio oficial de una
    institución!

    Mientras no me demuestren lo contrario, creeré que las falsificaciones y
    las usurpaciones de personalidad (algo que el articulista ni siquiera
    menciona) representaron otras tantas facetas de un grave delito
    cibernético llevado a cabo en favor de los castristas. Su objetivo (que
    alcanzaron): utilizar esos medios engañosos para lograr poner fin a la
    huelga de Fariñas, que tan embarazosa les resultaba.

    Esas mixtificaciones están siendo investigadas por las autoridades del
    Viejo Continente. Por desgracia, considero poco probable que la pesquisa
    policial conduzca a algo concreto. Y no porque yo dude de la maestría de
    los detectives cibernéticos europeos, sino porque no creo que sus jefes
    tengan la voluntad política de atribuir responsabilidades al castrismo.

    En el ínterin, recuerdo que la anterior huelga de hambre y sed de
    Fariñas, aunque el periodista del Herald no lo crea, constituyó el
    prólogo para la excarcelación de los presos del Grupo de los 75. En
    aquella ocasión sí lo ingresaron, y cumplió en terapia intensiva 135
    días. Tratándose del castrismo, lo razonable es pensar que su sala
    estaría monitoreada de manera permanente. De ese modo, cualquier
    infracción de la huelga sería fácilmente comprobable.

    Que el régimen no haya publicado material alguno en ese sentido,
    demuestra que no hubo ningún hecho de esa naturaleza. Es probable que la
    negativa a darle ingreso al Coco en esta ocasión, pese a las protestas
    de la opinión pública, haya obedecido al propósito de las autoridades de
    brindarle credibilidad a cualquier jorge dávila dispuesto a denigrarlo.

    El autor del artículo de largo título, aunque sin mucho fundamento, se
    las da de escritor satírico. Por eso creo justo que, recordando al
    famoso romano, digamos que él ha resultado ser un hijo putativo de Juvenal.

    Source: Un hijo putativo de Juvenal | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/un-hijo-putativo-de-juvenal/

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