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    Adiós a un disidente ejemplar, Arnaldo Ramos Lauzurique

    Adiós a un disidente ejemplar, Arnaldo Ramos Lauzurique
    04 de noviembre de 2016 – 20:11 – Por IVÁN GARCÍA

    Junto a Manuel Sánchez Herrero y Martha Beatriz Roque fue fundador del
    Instituto de Economistas Independientes de Cuba

    LA HABANA.- Cuando en 1996 comencé a escribir como periodista
    independiente en Cuba Press, ya Arnaldo Ramos Lauzurique no laboraba
    como economista en la Junta Central de Planificación y se había
    convertido en opositor del castrismo.

    Junto a otro economista, amigo y compañero, Manuel Sánchez Herrero, en
    1991 se integra al Partido Socialdemócrata Cubano que dirigió Vladimiro
    Roca Antúnez. Luego, al lado de la también economista Martha Beatriz
    Roque Cabello, los tres participan en la fundación del Instituto de
    Economistas Independientes de Cuba.

    Los integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna más
    conocidos eran Martha Beatriz, Vladimiro Roca Antúnez, René Gómez
    Manzano y Félix Bonne Carcassés, pero entre sus más cercanos y fieles
    colaboradores estuvieron Sánchez Herrero y Ramos Lauzurique. Ellos
    pusieron su granito de arena en la redacción de La Patria es de Todos,
    el documento de más alcance nacional e internacional redactado por un
    grupo opositor en la isla.

    La Patria de Todos se lanzó en junio 1997 y apenas un mes después serían
    violentamente arrestados los cuatro miembros principales (Martha,
    Vladimiro, René y Félix). El 1 de marzo de 1999, en el tribunal de
    Marianao, tendría lugar el juicio, uno de los grandes shows represivos
    montados por Fidel Castro y el Departamento de Seguridad del Estado
    (DSE). El juicio se celebraba dos semanas después de que el monocorde
    parlamento, presidido por Ricardo Alarcón, aprobara la Ley de Protección
    de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, más conocida por Ley
    Mordaza y que por disentir, justifica condenas de veinte años o más de
    privación de libertad.

    Con distintas penas, los cuatro fueron condenados, aunque el único que
    cumplió íntegra los cinco años de su sanción fue Vladimiro (le pasaron
    la cuenta por haber sido hijo del líder comunista Blas Roca Calderío,
    exsecretario general del Partido Socialista Popular). Calladamente,
    acorde con sus respectivas formas discretas de ser, Arnaldo y Manuel
    continuaron como pudieron la labor del Grupo de Trabajo de la Disidencia
    Interna.

    En aquella época, Arnaldo vivía con sus dos hijos y su esposa, Lydia
    Lima Valdés, en una casa de planta baja cercana al antiguo Estadio del
    Cerro. Cuba se encontraba en ‘período especial’ y Arnaldo, para
    sobrevivir, compraba maní crudo en algún agromercado, lo tostaba y
    envasaba en cucuruchos. Y a pie se iba, a venderlos en las afueras del
    Zoológico de La Habana, en Nuevo Vedado. Manuel ya tenía su salud
    bastante deteriorada, por un cáncer de próstata. En 1985, cuando aún
    trabajaba la Juceplan, permaneció un año arrestado, acusado de
    ‘desacato’. ¿El motivo? Un libro que Sánchez Herrero escribió sobre las
    similitudes de Benito Mussolini y Fidel Castro.

    Pero los dos, y esto lo sé por mi madre, la periodista Tania Quintero,
    que fue muy amiga de Arnaldo y de Manuel, además de mantener su incólume
    su oposición ante régimen, a menudo se reunían para analizar
    conjuntamente el panorama económico, político y social de Cuba en el
    contexto internacional. “Algunas tardes, en 1998, tuve el privilegio de
    conversar y debatir largamente con Arnaldo y Manuel. Nos encontrábamos
    en casa de Elena, hermana de Martha Beatriz, en la calle Neptuno. Había
    tremenda escasez, pero Elena siempre se las arreglaba para brindarnos
    una merienda y café. Y más de una vez no nos dejó irnos sin antes
    habernos ofrecido un plato de chícharos acabados de hacer y un trozo de
    pan, entonces un lujo”.

    Para falta de dinero, Arnaldo caminaba a pie toda La Habana, su salud
    era buena. A Manuel el cáncer se lo llevó el 15 de mayo de 1999. Por sus
    bolsillos vacíos, Arnaldo y Tania no pudieron encargarle una corona,
    pero fueron a su modestísimo velorio, en la funeraria de Zanja, la
    funeraria de los pobres. Se sentaron en sillas que permitían ver la
    puerta de entrada de la funeraria y detectar la presencia de oficiales
    de la policía política vestidos de civil.

    “En eso, me cuenta Tania, vimos llegar a Odilia Collazo, supuesta
    opositora que dirigía un supuesto partido proderechos humanos [en un
    vecindario del municipio capitalino de San Miguel del Padrón]. Ella y
    una mujer que le acompañaba, se dirigieron hacia la hilera de sillas
    donde estábamos Arnaldo y yo, nos saludaron, fríamente les respondimos y
    al ver que se sentaron a nuestro lado, Arnaldo y yo inmediatamente nos
    paramos y nos fuimos”. Tanto Manuel como Arnaldo y Tania (y también Raúl
    Rivero), siempre sospecharon de que Lili, como le decían, era
    ‘chivatiente’. Y no se equivocaron: en abril de 2003, como parte de la
    ola represiva que tuvo lugar en Cuba, conocida como Primavera Negra,
    tras el arresto masivo de disidentes, la propia Seguridad del Estado se
    encargó de destapar que ella era una agente infiltrada en las filas de
    la disidencia. La Collazo logró engañar a varios diplomáticos -entre
    ellos algunos de la Sección de Intereses de Estados Unidos- y también a
    cubanos del exilio de Miami, mientras ofrecía su casa para reuniones de
    disidentes a los que después delató.

    En 2002, Martha Beatriz organizó una de las agrupaciones opositoras que,
    en mi opinión, más interés tuvo por vincularse a la gente y su realidad:
    la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba. La secundaron Gómez
    Manzano, Bonne Carcassés y Arnaldo Ramos, quien siempre fue una especie
    de mano derecha de Martha, porque era una persona disciplinada y
    organizada, con gran habilidad en la búsqueda de información y
    extremadamente minucioso a la hora de redactar cuadros estadísticos,
    informes o artículos.

    La Asamblea tuvo una vida corta, le dieron el tiro de gracia cuando el
    20 de marzo 2003 detuvieron a Martha Beatriz y a una veintena de
    opositores de la capital y provincias que llevaban varios días ayunando,
    entre ellos un joven de la raza negra nombrado Orlando Zapata Tamayo.
    Siete años más tarde, el 23 de febrero de 2010, Zapata Tamayo moriría a
    consecuencia de una prolonga huelga de hambre.

    Arnaldo no participaba del ayuno, su tarea, en ésa y otras ocasiones,
    era organizativa, logística. El 17 de marzo de 2003, el día antes que
    Fidel Castro -aprovechando que la prioridad de los medios
    internacionales era la invasión de Estados Unidos a Irak-, decidiera
    desatar el más brutal operativo contra la disidencia y el periodismo
    independiente en la Isla, Arnaldo y Tania coincidieron en el pequeño
    apartamento de Jesús Yánez Pelletier, en la calle Humboldt, al doblar
    del hotel Vedado. Esa mañana se había convocado a una rueda de prensa
    con los ayunantes y entre los presentes, dos supuestas opositoras que
    formaban parte de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil: Aleida
    Godínez y Alicia Zamora y quienes en abril de 2003 serían ‘quemadas’
    como agentes del DSE.

    De aquella mañana, Tania recuerda que a un vendedor de periódicos, en la
    intersección de las calles Infanta y San Lázaro, Arnaldo le había
    comprado un ejemplar del periódico oficialista Granma. “Y me muestra un
    artículo o editorial, no recuerdo bien, y me comenta que ese escrito le
    daba espina, que algo gordo estaba tramando el régimen contra la
    disidencia”.

    Veinticuatro horas después, Castro ponía en marcha la feroz oleada
    represiva que ha quedado conocida como Primavera Negra de 2003. Entre
    los 75 detenidos se encontraba Arnaldo Ramos, a punto de cumplir 61 años.

    Los casi ocho años que pasó injusta y cruelmente encarcelado, le pasaron
    factura a su organismo. Pero no a su fortaleza de espíritu como
    ciudadano, economista y opositor. En los tres reclusorios donde estuvo,
    en Sancti Spiritus, Holguín y los últimos seis meses en La Habana, se
    sumó a ayunos y protestas, tanto de los reos políticos como de los
    comunes. Pero lo más importante: en todo ese tiempo no dejó de leer,
    analizar y escribir.

    En tres o cuatro ocasiones, a través de su esposa o de familiares de
    otros presos, le hizo llegar escritos a Tania Quintero, para que ella
    los mecanografiara y los diera a conocer en el exterior. No eran simples
    hojas de libretas escolares escritas a mano. Eran análisis sobre la
    situación socioeconómica y política de Cuba. Textos que iba redactando
    en la penumbra de la celda. Anotaciones que iba haciendo tras leer de la
    primera a la última página de la prensa oficial, la única permitida en
    los presidios cubanos. Por eso para Arnaldo era tan importante que su
    familia, además de la jaba de alimentos no perecederos para subsistir en
    infrahumanas condiciones, le llevara ejemplares, aunque fueran
    atrasados, de los periódicos Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores y la
    revista Bohemia.

    En noviembre de 2010, Arnaldo Ramos fue excarcelado y lo entrevisté para
    el periódico El Mundo. En el apartamento donde ahora vivía, pude ver las
    cajas donde durante años archivó los periódicos y revistas que solía
    leer entre líneas y extraer datos que le permitían descubrir la
    verdadera situación económica del país. “Cuando me detuvieron, el 19 de
    marzo de 2003, eran cerca de las 9 de la mañana y la Seguridad del
    Estado estuvo cinco horas requisando papeles y documentos”, me contó en
    aquella entrevista, de la cual reproduzco los dos primeros párrafos:

    “Llegó a su casa un sábado. Luego de 7 años y 8 meses tras los barrotes
    de una celda y el chirrido de candados chinos, el economista Arnaldo
    Ramos Lauzurique, 68 años, a las 6 y 30 de la mañana de su primer
    domingo en libertad, se sentó en el parque situado frente al modesto
    piso donde reside, en la barriada de Centro Habana.

    “Deseaba contemplar el amanecer, respirar aire puro y ver a la gente
    sencilla cargando jabas para sus compras domingueras. Quería sentirse un
    hombre libre. Luego de dos horas de meditación, el sol comenzó a
    calentar la mañana y el ruido de los fiñes con sus bates, pelotas,
    patines y balones de fútbol rompió su hechizo personal.

    Entonces inició la que siempre fue su rutina diaria. Hacer la cansina
    cola para comprar la prensa oficial en un estanquillo cercano. Es una de
    sus manías. Recolectar los diarios cubanos y archivarlos en caja”.

    De este mulato habanero que nació el 27 de mayo de 1942, vivió en un
    solar y se forjó a sí mismo, superando toda clase de penurias y
    prejuicios, logró hacerse economista, casarse con una mujer que también
    consiguió estudiar y graduarse de médica y especializarse en radiología,
    tener dos hijos y nietos y formar una sólida familia, me quedo con los
    escritos suyos que se localizan en internet y en numerosos blogs y
    sitios digitales.

    Pero, sobre todo, me quedo con el extraordinario ser humano que fue
    Arnaldo Ramos. Con su increíble memoria, sencillez y modestia. Tenía más
    preparación y talento que la mayoría de los opositores que le rodeaban,
    sin embargo, siempre se mantuvo en un discreto segundo plano. Una
    humildad que le hace falta al actual movimiento opositor, donde abundan
    los disidentes que le han cogido el gusto a los selfies, los titulares y
    el protagonismo.

    Arnaldo Ramos Lauzurique falleció en La Habana el jueves 3 de noviembre
    de 2016.

    Source: Adiós a un disidente ejemplar, Arnaldo Ramos Lauzurique | Cuba –
    www.diariolasamericas.com/america-latina/adios-un-disidente-ejemplar-arnaldo-ramos-lauzurique-n4107023

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