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    Castro ¿revolucionario o tirano demagogo?

    Castro: ¿revolucionario o tirano demagogo?
    CARL GERSHMAN | Washington | 8 de Diciembre de 2016 – 23:21 CET.

    Fidel Castro fue un tirano que tuvo éxito en convencer a mucha gente en
    el mundo democrático de que en realidad él era lo opuesto. El primer
    ministro de Canadá lo llamó un “revolucionario legendario”, mientras que
    el presidente de Irlanda lo consideró “un gigante entre los líderes
    globales, cuya visión no era solo la de la libertad para su pueblo sino
    para todos los pueblos oprimidos y excluidos del planeta”.

    Castro pudo engañar a tanta gente porque era un hábil demagogo que sabía
    cómo manipular las emociones y los prejuicios políticos para asegurar su
    poder y magnificar su imagen pública. Cómo fue capaz de hacerlo, y por
    qué los países democráticos produjeron tantos “tontos útiles”, que es
    como Lenin describió a los apologistas occidentales del comunismo, son
    preguntas que se han tratado en otras partes. No es mi intención
    responder a las mentiras y la propaganda sobre Castro; sería un
    ejercicio infructuoso que solo dignificaría ideas que no merecen ser
    tomadas seriamente. Más que centrarme en Castro, recordaré aquí a
    quienes resistieron heroicamente su demagogia y su violenta brutalidad,
    y dejaré que las historias de estas personas eluciden el ignominioso
    legado de Castro.

    Pedro Luis Boitel

    Quiero hablar de cuatro héroes cubanos. El primero es Pedro Luis Boitel,
    considerado la figura emblemática del movimiento pro-democracia cubano.
    Boitel fue activo en los años 50 contra la dictadura de Batista hasta su
    exilio forzoso en Venezuela, donde estableció una estación de radio que
    transmitía mensajes anti-Batista hacia Cuba. Regresó a la Isla tras la
    revolución y fue candidato a la presidencia del Centro de Estudiantes
    por el Movimiento 26 de Julio, de Castro. Pero Castro apoyaba a un
    candidato rival, ya viendo a Boitel como una potencial amenaza porque
    era carismático, opositor al comunismo, y tenía mucho apoyo del
    movimiento obrero. Cuando las intenciones totalitarias de Castro se
    hicieron claras, Boitel fundó el Movimiento para Recuperar la
    Revolución. Al poco tiempo fue arrestado y condenado a 10 años de prisión.

    Fue en las prisiones de Castro que Boitel pasó por una profunda
    transformación espiritual. Reunía a los presos en torno a una filosofía
    de resistencia no violenta al régimen, una que no aceptaba ningún tipo
    de negociación con sus carceleros. Fue el primero de los [presos]
    Plantados, y sufrió los peores castigos. Boitel comenzó una serie de
    huelgas de hambre y otras protestas como forma de defender su dignidad y
    la de sus compañeros de presidio. El régimen lo mantuvo en prisión más
    allá de sus 10 años de sentencia, y el 3 de abril de 1972 comenzó una
    última huelga de hambre para protestar por la prolongación de su
    presidio y otras injusticias. Según sus compañeros, cuando Boitel murió,
    53 días más tarde, no fue por la huelga, sino porque un guardia de
    seguridad lo asfixió con una almohada.

    Por su liderazgo moral y resistencia intransigente al régimen, y no
    menos por la persistencia de su madre en hacer que su caso se conociera
    en todo el mundo, Boitel se convirtió en un ícono de la lucha
    anticastrista. Si bien fue enterrado en una tumba sin nombre, su leyenda
    vivió por el boca a boca en las calles de Cuba y especialmente en las
    prisiones. Los activistas prodemocráticos pronto encontraron su tumba y
    ahora todos los años hay un enfrentamiento con la policía cuando estos
    activistas peregrinan hasta su sepulcro para recordarlo a él y a su
    lucha. Hoy, más de un grupo opositor a la dictadura lleva el nombre de
    Boitel.

    Huber Matos

    Huber Matos fue otro héroe que se opuso a Batista. Pero a diferencia de
    Boitel, era un líder en la lucha armada de Castro que derribó a la
    dictadura precedente. Matos es conocido por haber llevado cinco
    toneladas de armas a los rebeles, por liderar el asalto sobre Santiago
    de Cuba, y por ingresar en La Habana en un tanque junto a Castro y otros
    revolucionarios en el desfile victorioso en enero de 1959. Castro lo
    nombró Comandante del Ejército en la provincia de Camagüey.

    Al igual que Boitel, Matos fue apartado tras los primeros movimientos
    castristas para imponer un sistema totalitario, incluyendo la ejecución
    en manos de pelotones de fusilamiento de cientos de prisioneros de
    fortaleza La Cabaña y el establecimiento del primer campo de trabajo
    forzado de Cuba —Guanahacabibes–, que se convirtió en el lugar para
    enviar disidentes, homosexuales, testigos de Jehová y pastores
    afrocubanos, una represión documentada por el cineasta Néstor Almendros
    en su emocionante película Conducta impropia). Renunció a su puesto el
    19 de octubre y fue inmediatamente arrestado, junto a cinco capitanes y
    11 tenientes que protestaron por su arresto.

    En el juicio subsiguiente, Castro dio una arenga de siete horas,
    acusando a Matos de hacer una campaña contra la revolución y promover
    los intereses de Estados Unidos, los grandes terratenientes y los
    partidarios de Batista. Matos fue sentenciado a 20 años de prisión, 16
    de los cuales los pasó en una celda de confinamiento solitario. Fue
    torturado, realizó huelgas de hambre y muchas veces se le dijo que no
    saldría vivo de allí.

    Pero fue liberado en 1979, en parte debido a un pedido firmado por 100
    prominentes estadounidenses entre los cuales estaban los senadores Henry
    “Scoop” Jackson y Daniel Patrick Moynihan, el premio Nobel Saul Bellow,
    el presidente de la Federación de Organizaciones Laborales (AFL-CIO)
    Lane Kirkland, el líder de los derechos civiles Bayard Rustin e
    intelectuales como Jeane Kirkpatrick, Arthur Schlesinger y Sidney Hook.

    En una conferencia de prensa en Nueva York semanas después de su
    liberación, Matos emitió un fuerte comunicado sosteniendo que creía que
    la lucha cubana por la libertad tendría éxito. “La lucha contra el
    régimen será larga”, dijo. “De eso no tenemos ilusiones. Pero tendrá
    éxito por el compromiso de su pueblo con los valores democráticos
    básicos. No apoyamos el terrorismo o la invasión desde el exterior. No
    queremos una dictadura de derecha que reemplace al régimen represivo que
    tenemos ahora. Pero vamos a ganar”. Llamó a una “lucha ideológica contra
    Castro… para explicar la dura verdad de su Gobierno: que su régimen
    viola todas las normas de libertad y bienestar humanos y es despreciado
    por la enorme mayoría del pueblo cubano”. Al año siguiente, en Caracas,
    Matos estableció la organización Cuba Independiente y Democrática (CID)
    para llevar adelante esta lucha. La CID continúa activa a través de sus
    esfuerzos por apoyar el desarrollo de la sociedad civil en la Isla.
    Matos murió en el exilio, en Miami, en 2014.

    Laura Pollán

    El tercer caso es el de la heroína Laura Pollán, fundadora de las Damas
    de Blanco. Pollán era una mujer simple –madre, esposa y maestra. Amaba
    la literatura. No era política, al menos hasta que su esposo, Héctor
    Maseda Gutiérrez, fue arrestado junto a otros 74 disidentes en la
    Primavera Negra de 2003. Desde el momento en que fue detenido, Pollán
    tuvo una misión: liberar a su esposo y convocar a otras mujeres cuyos
    seres queridos también habían sido detenidos. Con ese fin creó las Damas
    de Blanco. Marchaban todas las semanas desde la habanera Iglesia de
    Santa Rita, vestidas de blanco y con gladiolos. Su ropa simbolizaba la
    pureza de sus motivos y las flores su integridad y fortaleza moral.
    Cuando gritaban “libertad”, lo hacían no solo por sus maridos y padres,
    hijos y hermanos, sino por toda Cuba.

    El régimen reaccionó a estas marchas pacíficas con violencia y veneno.
    Las mujeres eran insultadas, llamadas traidoras y mercenarias, y
    atacadas por brigadas de respuesta rápida. Pero persistieron, y en la
    medida que lo hacían su reputación y autoridad moral fue creciendo en
    Cuba y en todo el mundo.

    Luego, el 24 de septiembre de 2011, cuando las mujeres eran empujadas y
    golpeadas por estas turbas, Laura fue personalmente atacada por un
    agente de la Seguridad del Estado. Cayó en una condición crítica ocho
    días después. Murió el 14 de octubre, mártir de la causa por la libertad.

    ¿Fue Laura asesinada? Su sucesora, Berta Soler, cree que sí. Me lo dijo
    ella misma a comienzos de este año. Y también lo cree el músico cubano
    Amaury Gutiérrez, cuyo hermoso himno en memoria de Laura Pollán incluye
    estas poderosas líneas:

    La maldad de tu verdugo te hizo eterna y la patria te agradece y te venera…

    hoy el mundo está mirando y los cómplices callados se avergüenzan…

    te quisieron silenciar y hoy tu voz suena más alto…

    Dictadores asesinos de mujeres, la justicia no ha llegado pero viene

    Son más de cincuenta años

    Pero seguimos luchando

    Laura, mujer valiente

    Mientras la gente a lo largo de Cuba lloraba la muerte de Laura Pollán,
    el Gobierno respondía con “infinito rencor ideológico”, en palabras de
    Yoani Sánchez. “Laura se fue —continuaba Sánchez— y ahora todos los
    actos de odio que hicieron contra ella resuenan más grotescos. Laura se
    fue y nos dejó un país desperezándose de un totalitarismo vetusto que no
    sabe decir siquiera lo siento”.

    Oswaldo Payá

    El último héroe es Oswaldo Payá. Payá fue un activista católico,
    fundador del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) en 1988, más conocido
    por liderar el Proyecto Varela, una petición lanzada en 2002 pidiendo
    elecciones libres y otros derechos. El proyecto enfureció al Gobierno
    cubano, que respondió forzando una reforma constitucional a través de la
    Asamblea Nacional para que el sistema comunista en Cuba fuera
    “irrevocable”. A esto lo siguió la Primavera Negra, cuando 75 de los más
    prominentes activistas cubanos fueron arrestados.

    El régimen no arrestó a Payá por su reconocimiento internacional. El
    Parlamento Europeo le había entregado el Premio Sajarov en 2002 y ese
    mismo año fue nominado para el Premio Nobel de la Paz por cientos de
    parlamentarios en una campaña liderada por su amigo, el presidente checo
    Václav Havel. A diferencia de la birmana Aung San Suu Kyi y de Liu
    Xiaobo de China, por quien también hizo campaña Havel, Payá nunca
    recibió el Nobel. Pero fue un activista del mismo molde —comprometido
    con la no violencia y la reconciliación y un líder de estatura moral.

    Al igual que Laura Pollán, Payá murió en circunstancias misteriosas. El
    22 de julio de 2012 fue asesinado en un accidente automovilístico cuando
    viajaba en un auto alquilado con tres democristianos —dos de ellos de
    Europa— para reunirse con miembros del MCL en el oriente de la Isla. El
    régimen sentenció al conductor español, Ángel Carromero, a cuatro años
    de prisión por homicidio vehicular. Pero luego de que el Gobierno
    español negoció su liberación, Carromero dio una entrevista a The
    Washington Post en la que afirmó que su auto fue embestido por un
    vehículo con placas estatales. Ocho senadores de EEUU pidieron una
    investigación sobre el choque a la Comisión Interamericana de Derechos
    Humanos, sosteniendo que el relato de Carromero suscitó “cuestiones muy
    preocupantes respecto a que el auto de Payá fue deliberadamente
    impactado por funcionarios gubernamentales cubanos bien conocidos”
    por su acoso al disidente. Hasta el momento, el Gobierno cubano se niega
    a cooperar en dicha investigación.

    La actualidad de la lucha por la democracia

    Las historias de estos cuatro héroes hablan de un régimen de extrema
    inhumanidad e hipocresía. Quienes desafían su poder corren el riesgo de
    pagar el mayor precio, y muchos lo han hecho. Es en este contexto que el
    opositor Manuel Cuesta Morúa recibió recientemente el Ion Ratiu
    Democracy Award, del Woodrow Wilson Center.

    Conozco a Manuel Cuesta Morúa desde hace ya varios años y sé que
    pertenece a la tradición de los héroes cubanos que han buscado el camino
    no violento de la transición democrática y la reconciliación.

    La visión estratégica de Morúa está formada por un espíritu de unidad
    democrática y guiada por principios fundamentales:
    – Que las coaliciones opositoras existentes deben encontrar el camino de
    trabajar juntas, incluso manteniendo identidades separadas;
    – Que es importante recibir y apoyar diferentes estrategias para
    promover la democracia, porque uno nunca sabe qué generará el cambio y
    todos pueden hacer su parte en la lucha por la democratización;
    – Que los demócratas cubanos no deben aislarse a sí mismos de la
    comunidad internacional, sino que deben intentar construir lazos de –
    diálogo y cooperación;
    – Que es importante observar las políticas de lo que es posible, que es
    la mejor manera de ir hacia la política de lo deseable, y que al tiempo
    que se reconoce la inevitabilidad del gradualismo no se obvia la
    necesidad de la movilización y la resistencia para llevar adelante la
    lucha; y por último,
    – Que apoyar iniciativas que surgen dentro de Cuba es la mejor manera de
    tomar un contacto cercano con el pueblo cubano.

    El pueblo cubano tiene una profunda necesidad de solidaridad
    internacional del mundo exterior, que ha sido parcial debida a las
    mentiras y malas intenciones engendradas por el castrismo. Pero su
    liberación debe venir desde adentro, al igual que el esfuerzo por
    encontrar un equilibrio entre reconciliación y convivencia con la verdad
    del pasado de casi seis décadas.

    Ahora que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se han normalizado,
    resulta urgentemente importante que las relaciones se normalicen entre
    el pueblo cubano y su Gobierno. Muchos han sufrido y muerto por lograr
    ese objetivo llamado democracia, y existe un creciente número de cubanos
    que comparten esta visión. Si se mantienen unidos, el futuro es de ellos.

    Carl Gershman es presidente de la National Endowment for Democracy. Este
    artículo, publicado originalmente en inglés en World Affairs Journal, es
    una adaptación de las palabras dirigidas el 5 de diciembre de 2016 en la
    presentación del Ion Ratiu Democracy Award del Woodrow Wilson Center al
    líder demócrata cubano Manuel Cuesta Morúa.

    Traducción: Hernán Alberro.

    Source: Castro: ¿revolucionario o tirano demagogo? | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1481235141_27280.html

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