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    Por qué diez años más de gobierno comunista?

    ¿Por qué diez años más de gobierno comunista?
    Muy pocos en el mundo han comprendido lo que sucede realmente en la mesa
    de diálogo entre los Estados Unidos y Cuba
    Miércoles, diciembre 21, 2016 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Creo que muy pocos en el mundo han comprendido lo que
    sucede realmente en la mesa de diálogo entre los Estados Unidos y Cuba.
    Cuando se dice o se escribe que se trata de un “proceso de
    normalización” se incurre en el error de pensar que ambos países caminan
    hacia un futuro de entendimiento y que la isla se alista para un proceso
    de cambio democrático.

    Para quienes se han percatado del desequilibrio en las conversaciones,
    donde el gobierno cubano sin dudas lleva las de ganar teniendo en cuenta
    que la estrategia de Obama peca de algo más que de ingenua, les será
    fácil comprender que a Raúl Castro le interesa poco los resultados de
    esas negociaciones porque ya tiene en sus manos lo que buscaba con ese
    golpe de efecto anunciado en diciembre de 2014.

    Durante estos dos años de juego diplomático, el gobierno comunista se ha
    hecho con las mejores cartas para asegurarse al menos una década más en
    el poder. Aunque los pronósticos pudieran ser un cubo de agua fría para
    algunos, los hechos demuestran que la estabilidad política de Cuba y su
    crecimiento económico no solo son de interés para los dirigentes cubanos
    sino para los gobiernos, empresarios y paisanos “retornados” que
    actualmente invierten en la isla o que piensan hacerlo, sin que sus
    decisiones sean condicionadas por el análisis del cumplimiento o no de
    los derechos humanos o cualquier otra cosa parecida.

    Lo han hecho con Rusia, China y Arabia Saudita, lo harían con Corea del
    Norte si el joven Kim no fuese tan impredecible, entonces, ¿por qué no
    con Cuba?, de hecho, la Unión Europea recién acaba de “reconocer” que sí
    hay un proceso de cambio, a pesar de que algunos medios de prensa
    continúan insistiendo en un significativo aumento de la represión contra
    los grupos disidentes, hecho que termina siempre en entredicho, bajo
    sospecha, cuando solo en raras ocasiones se le niega la salida al
    exterior a un opositor, o una huelga de hambre concluye en un esperado
    happy end o cuando las detenciones no suelen durar más de 72 horas.

    Ni siquiera al próximo gobierno de Donald Trump, del que algunos esperan
    una vuelta a una política de presión que vigorice a la poco efectiva
    disidencia interna, le convendrá tener como vecina a una nación
    demasiado desestabilizada como para agregar una complicación más ?poco
    esencial para los intereses norteamericanos? a una gestión que deberá
    concentrarse en lo doméstico y en la solución de otros conflictos
    internacionales mucho más espinosos que el caso cubano.

    Aprovechando la limpieza de imagen que sin dudas le ha proporcionado la
    estrategia de Obama pero aún más el temor de los empresarios europeos y
    asiáticos a llegar tarde al repartimiento del pastel cubano y los planes
    de Rusia por rearmarse como imperio, el manto de protección externa que
    el gobierno de la isla ha sabido tejer y desplegar a su alrededor en
    estos últimos años será muy difícil de echar al fuego.

    Mucho menos cuando no son significativos los grupos de presión política
    interna, compuesta por pequeños núcleos desorganizados, sin liderazgo
    visible, algunos sin propuestas firmes, y todos sin ningún tipo de poder
    económico y, por ende, sin ninguna capacidad real de negociación, lo
    cual quedó demostrado desde el inicio del proceso de acercamiento con
    los Estados Unidos, y más recientemente con la Unión Europea.

    Al mismo tiempo que el gobierno cubano ha trabajado con extrema cautela
    y con éxito innegable la proyección de su imagen hacia el exterior, ya
    sea mediando en viejos conflictos regionales o haciendo guiños a
    Hollywood y Chanel, ha reforzado su estrategia continua de
    debilitamiento de los grupos opositores pero sin mucho esfuerzo ni
    corriendo demasiados riesgos puesto que mantenerlos al margen, incluso
    reducirlos a su mínima expresión, no solo conviene a un partido
    comunista que desea perpetuarse en el poder por los siglos de los siglos
    sino a quienes saben que la mejor fórmula para un crecimiento económico
    sostenido es la estabilidad política sin importar el signo ideológico
    que la identifique. Dinero es dinero, y no valen los remilgos.

    Los que esperan que sean las elecciones del 2018 el momento en que el
    partido comunista se abra a un diálogo con la oposición interna, habrán
    perdido el tiempo y deberán reconocer que su percepción de los
    acontecimientos actuales es errada y que no han comprendido de qué se
    trata este juego.

    Para los que continúen dudando, les pediría que buscaran en qué momento
    de la estrategia de Obama hacia Cuba se perdió aquella su promesa
    inicial de no negociar con empresarios militares cubanos ni con empresas
    dirigidas por estos. Lo ha hecho y, les aseguro, Trump también lo hará
    porque si no otros lo harán y ese error, que significa dinero, enfadará
    a todos sus detractores.

    El gobierno cubano no se encuentra en una posición tan peligrosa ni tan
    desesperada como para compartir el poder con nadie que no salga bien esa
    foto de familia, trucada o no, donde todos muestran caritas felices.

    Source: ¿Por qué diez años más de gobierno comunista? | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/por-que-diez-anos-mas-de-gobierno-comunista/

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