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    Castrofrenia de cierto anticastrismo

    Castrofrenia de cierto anticastrismo
    Ambos bandos del problema cubano exhiben ristras de tupidores y de este
    modo aflora otro problema: contra quienes enfilar la crítica desde el exilio
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 24/01/2017 11:50 am

    Raúl Castro es un dictador y Guillermo Fariñas, un mitómano. El gobierno
    dictatorial es un desastre y la oposición pacífica, otro. Sobran buenos
    argumentos para sostener estas afirmaciones, pero la Asociación de
    Combatientes Verticales del Anticastrismo por Internet (ACOVAI) suele
    tacharlas de cantinfleo. No hay cacumen para discernir que la militancia
    política —castrista o anticastrista— no es criterio de la verdad ni de
    muchas otras cosas.

    Anticastrismo frenético = Castrismo al revés
    Ambos bandos del problema cubano exhiben ristras de tupidores y de este
    modo aflora otro problema: contra quienes enfilar la crítica desde el
    exilio. ACOVAI alega que esa crítica tiene que desfogarse solo en contra
    del gobierno, mientras que la oposición merece nada más que elogios. Así
    rinden a cada lidercillo opositor la misma pleitesía que el gobierno
    rinde a Fidel Castro: sustraerlo de la crítica.
    No sólo por esto el anticastrismo corriente por Internet es castrismo
    vuelto al revés como vulgar calcetín politiquero. Ante los exiliados
    criticones de la oposición, ACOVAI esgrime con frenesí que no tienen
    moral para ejercer el criterio, desde cómodas posiciones en Estados
    Unidos, contra quienes derrochan heroísmo frente a los aparatos
    represivos en Cuba. Así mismito lo espetó Fidel Castro al exiliado
    Celestino Rodríguez, Tesorero del Club Patriótico del 26 de Julio en
    Bridgeport (Connecticut), en carta que remitió desde México el 12 de
    febrero de 1956 por el berrinche con la baja recaudación de aquel club
    para la expedición armada del Granma.
    ACOVAI se empina también frenéticamente sobre la gastada maña castrista
    de conmigo o sin-migo. Tilda de agentes de Castro a los exiliados
    criticones de la oposición, aunque ni siquiera hay que ser exiliado para
    darse cuenta de cosas que se caen de la mata. Hasta un esquimal
    advertiría que intentan venderle una nevera si le dicen que Fariñas no
    es mentiroso, Todos Marchamos no es un fracaso, Rosa María Payá es una
    refugiada política (1), Oscar Elías Biscet tiene un proyecto para la
    libertad de Cuba…
    Tampoco hay que ser agente de Castro para dar la razón al exiliado
    Esteban Fernández, veterano de la guerra a tiros contra Castro, en que
    ya agobian esos “personajes prefabricados dentro de Cuba —que van y
    vienen— que de lejos hasta el bobo de la yuca puede darse cuenta que no
    van a resolver nada”. Ni hay que ser agente castrista para darle
    igualmente la razón al exiliado Antonio Veciana, mastermind de cuatro
    atentados contra Castro, en que es un error de los cubanos creer “que
    los Estados Unidos les van a sacar las castañas del fuego”.
    El anticastrismo corriente por Internet no hace más que, como diría
    Marx, lamentar de diversos modos el castrismo, aunque de lo que se trata
    es de superarlo. Y a esto no contribuye para nada la idolatría con
    opositores que recogen firmas inútiles, escriben carticas abiertas a
    Raúl Castro, montan huelgas de hambre para abandonarlas sin conseguir
    nada, redactan propuestas de leyes para presentarlas a quienes jamás
    harán caso, salen o intentan salir a marchar y coger golpes sin que
    nadie se sume, abogan por presos políticos que —en su mayoría— no lo son
    en ningún lugar del mundo, dan cifras y más cifras de víctimas de la
    represión sin ningún muerto en la calle ni heridos graves en
    traumatología, andan por casi todo el mundo echándole con el rayo al
    gobierno sin que nadie reaccione como Dios manda, llegan a dárselas de
    analistas de la administración Obama y hasta de salvadores de la patria
    sin haber soltado jamás una predicción ni una promesa que se cumpla…
    También falta cacumen para discernir que criticar al castrismo desde el
    exilio ya es irrelevante —salvo por denuncia fundada y pertinente (2)—
    pues vamos para seis décadas con la misma matraca (3) sin que el
    gobierno haya prestado jamás oído a esas críticas y mucho menos cambiado
    por ellas. Desde luego que esto sucede porque el castrismo está en el
    poder y su mejor argumento son los cañones, pero la oposición, sin poder
    ni cañones, tampoco procede argumentativamente con las críticas en
    contra de lo que hace mal, sino que hasta se enfada, por ejemplo, con
    que se juzgue como locura su manía de presentar una y otra vez
    solicitudes fútiles de plebiscitos y leyes, a pesar de que —por
    definición tan certera que (erróneamente) se atribuye a Einstein— es
    cosa de locos repetir los mismos errores a la espera de resultados
    diferentes.

    Marabú ideológico
    El anticastrismo corriente por Internet viene ocultando algo tan
    sencillo como que superar el castrismo tiene que ser por las buenas o
    por las malas, pero…
    La primera opción fracasó históricamente tanto en la línea dura —alzados
    e infiltrados, invasiones e incursiones, balazos y bombazos— como en la
    línea blanda del embargo, que al cabo de más de medio siglo arroja como
    único resultado tener en contra a casi todo el mundo en la ONU y a casi
    toda la gente en Cuba. La circunstancia misma de que el castrismo
    saliera vencedor a las malas determina que jamás aceptará salir
    perdiendo a las buenas. Solo cabe que se revire contra el gobierno
    muchísima gente en las calles o en las urnas. Lo demás es cuento.
    La alternativa política anticastrista se reduce hoy a ganar espacio
    electoral o ir más o menos a las malas con revuelta popular, pero en las
    pasadas elecciones parciales ni siquiera tres, sino apenas dos tristes
    tigres opositores fueron nominados sin salir electos, mientras que ni
    las marchas domingueras ni ningún otro ademán opositor suman revoltosos.
    Nadie dice que el gobierno caerá si la oposición aprieta el paso en las
    elecciones, pero ya no queda otra opción que la clásica de jugársela al
    pegao con los votos o dar el pecho a las balas, como decía Grau, Divino
    Galimatías o Mesías de la Cubanidad.
    Es improbable que al gobierno pudiera pasarle algo que lo borre de
    pronto: una luz cegadora con golpe de Estado, huelga general, revuelta
    popular, guerra relámpago de guerrillas o un Mariel a la inversa, como
    aquel previsto en Miami-Dade tras desmayarse Fidel Castro el 24 de junio
    de 2001.
    La muerte del único experto cubiche en tumbar dictadura para luego
    mantenerla dejó un legado que no es solo ese gobierno afianzado en la
    dictadura de partido único, sino también esa oposición pacífica que no
    está afianzada en el pueblo. Y otra circunstancia histórica venía
    cuajando incluso antes de morir Castro en 2006: la desmovilización
    ciudadana. En intervalo de lucidez, el disidente Luis Orlando Pardo Lazo
    atinó a advertirla al morir otra vez Castro el año pasado: en su fuero
    interior, los cubanos “no están dispuestos a sumarse a ninguna otra
    causa social [y] están encantados de semejante desencanto. Ni en mil
    años ningún otro cubano nos podría volver a engatusar”.
    Así mismo es. No podrán hacerlo Raúl Castro ni el sucesor designado
    Miguel Díaz-Canel, pero tampoco su “amigo de los Camilitos”: el inefable
    “Coco” Fariñas (4), ni José Daniel Ferrer con sus combatientes de la
    Sierra y el Llano, ni Rodiles marchando hacia un ideal, ni nadie más a
    la vista o fuera de ella.
    Ninguna masa crítica se sumará a la causa social de la libertad y la
    democracia, que viene invocándose por la oposición pacífica desde que
    Ricardo Bofill y otros tuvieron la ocurrencia, hacia 1976, de colar
    denuncias al exterior por la fisura del régimen: los derechos humanos.
    Al cabo Bofill declararía —en entrevista publicada por La Jiribilla— que
    los grupos pro derechos humanos en Cuba “políticamente no representan
    nada [y] en Miami, con más de un millón de exiliados, no somos más de
    veinte personas que trabajamos [por esos] derechos”.

    Coda
    Y mientas la rectificación del error acaso más trascendental del
    castrismo —despreciar la cercanía de USA como condición externa decisiva
    para el desarrollo de la nación cubana— se perfila cada vez más como
    tarea del propio gobierno del castrismo tardío que de la oposición
    anticastrista, ACOVAI sigue entreteniéndonos hasta con cositas del
    castrismo temprano como prodigar insultos a quienes no encajan en sus
    pautas (5).

    Notas
    (1) Al llegar a Miami, el 6 de junio de 2013, Rosa María Payá declaró:
    “Hemos llegado como refugiados políticos, pero estamos aquí con un
    carácter temporal”. Eso mismo decían los refugiados políticos del
    castrismo temprano, porque pensaban que a Castro le quedaba poco, pero
    la temporalidad estriba hoy en ir a Cuba cuándo venga en ganas y por
    ahora antes de vencer el plazo de dos años en el exterior para conservar
    así la(s) propiedad(es) allá. Rosa María Payá acaba de viajar a Cuba por
    tercera vez sin que fuera la vencida, a pesar de haber acusado al
    gobierno de asesinar a su padre y largar contra el Jefe de Estado y
    Gobierno tweets como éste: “Hoy @BarackObama saluda al actual dictador,
    probable asesino de mi padre y Harold [Cepero]; así respeta el
    representante d #EEUU al pueblo #cubano”.
    (2) No tiene sentido, por ejemplo, epatar en Internet con que el
    gobierno falsificó el registro de electores, si esta crítica al
    castrismo vigente no se formula como denuncia por lo menos ante la
    Comisión Interamericana de Derechos Humanos
    (3) No obstante sus variaciones accidentales, la esencia de la crítica
    anti-castrista quedó bien fijada en el periódico exiliar El Avance
    Criollo, del Frente Revolucionario Democrático / Consejo Revolucionario
    Cubano, entre junio de 1960 y abril de 1961. Sus ediciones se atesoran
    en la Biblioteca Digital del Caribe (Universidad de Florida) y pueden
    consultarse aquí: dloc.com/UF00077417/00001/allvolumes
    (4) En su primera visita a Miami, “El Coco” declaró a los heraldos anglo
    e hispano que Díaz-Canel había sido “compañero de clase en la escuela
    militar” (The Miami Herald, 28 de mayo de 2012), que según la
    autobiografía de “El Coco” no es otra que “la escuela militar Camilo
    Cienfuegos”. Sin embargo, Pablo Alfonso confirmó, en “Díaz-Canel no es
    un relevo histórico” (Martínoticias, 25 de febrero de 2013), que este
    último jamás estudió en ninguna escuela militar, sino en la Escuela
    Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) Primero de Mayo (Yabú 1), el
    Instituto Preuniversitario en el Campo (IPUEC) Jesús Menéndez (Yabú 4) y
    la Universidad Central de Las Villas. Por cierto, “El Coco” se enfadó
    con Alfonso al ser entrevistado sobre su huelga de hambre rocambolesca
    del pasado año. Alguien de la dirección de Radio y TV Martí indicó a
    Alfonso que Fariñas era un invitado que merecía consideración y Alfonso
    repuso más o menos que, periodísticamente, Fariñas era un entrevistado
    como otro cualquiera.
    (5) Sin haberse atrincherado aún en la Sierra Maestra, las tachas de
    Castro a los antibatistianos fuera de su grupo político iban ya desde
    “cucarachas”, en su carta del 12 de abril de 1954 a Melba Hernández,
    hasta “gusanera”, en su artículo “Frente a todos” (Bohemia, 8 de enero
    de 1956).

    Source: Castrofrenia de cierto anticastrismo – Artículos – Opinión –
    Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/castrofrenia-de-cierto-anticastrismo-328447

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