Hunger strike in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
January 2017
M T W T F S S
« Dec   Feb »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
Archives
Recent Comments

    El duro camino de la libertad

    El duro camino de la libertad
    Daniel Santovenia continúa preso y debemos exigir su libertad
    Jueves, enero 12, 2017 | Ángel Santiesteban

    LA HABANA, Cuba.- El 6 de enero, después de guardar prisión durante
    veinticinco años, la dictadura decidió otorgar la libertad al preso
    político Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso, libertad a la que también
    tiene derecho Daniel Santovenia Fernández. Ambos fueron procesados por
    la misma causa e idénticas serían también las condenas, sin embargo
    Daniel permanece aún en prisión. Ambos debieron salir en libertad
    condicional desde hace trece años, pero la dictadura los mantuvo
    encerrados, aun cuando irrespetaran la misma ley que ellos crearon.

    Enfermizo es el ensañamiento del gobierno con estos dos buenos hombres
    cuyo único delito fue desear y luchar por un país libre. Ellos no podrán
    olvidar jamás todos los sacrificios que tuvieron que hacer sus
    familiares; entrando a Cuba por terceros países, estrategia que hacía
    enormes los gastos, y todo para encontrarse con sus seres queridos por
    una hora y nada más.

    Y peor aún resultaba la macabra decisión de no permitirles recibir
    comida ni artículos de aseo. El código dejaba bien claro que eran dos
    las horas de visita y además anunciaba que se permitía la entrega de
    alimentos y otros artículos necesarios en ese cautiverio. A estos
    familiares venidos desde el extranjero a ver a sus presos no les estaba
    permitido vivir en casa de sus familiares en la isla, ellos estaban
    obligados a hospedarse en un hotel del gobierno, estaban obligados a
    gastar mucho más.

    En octubre del 2001, Santovenia, Pedroso e Ifraím, otro preso político
    que sufría también por esas macabras decisiones, resolvieron hacer una
    huelga de hambre para exigir los derechos que debían asistirlos. Pasados
    cinco días de inanición recibieron una visita en la celda de Santovenia.
    Los visitantes inesperados fueron Galindo, quien era entonces el
    director de la prisión, y Emilio Cruz Rodríguez, que por esos días se
    ocupaba del Control Penal y ahora es el director de la prisión. El
    objetivo de la visita no era otro que hacerles saber que si continuaban
    con la huelga de hambre les sería revocada la conmutación de la pena de
    muerte.

    Bien recuerda Santovenia ese día. Ya habían pasado las dos de la
    madrugada y él dormía. Lo despertaron y, sin transiciones, le hicieron
    saber que el gobierno de los Estados Unidos le había dado una semana a
    los talibanes para que entregaran a los extremistas de Al Qaeda y a su
    líder Osama Bin Laden, le dijeron que en toda Cuba existía un “estado de
    alerta”, y que si los americanos atacaban Afganistán entraríamos en
    “Estado de guerra”, y que a todos los que tenían la pena de muerte
    conmutada, como el caso suyo, serían los primeros fusilados, mucho más
    si, como él, se habían declarado en huelga de hambre.

    Santovenia, que se hallaba en ese limbo emocional después de diez años
    de cárcel, y tras cinco días en huelga, gritó que poco le importaba que
    lo fusilaran, que quizá hasta le hacían un favor, aseguró que muerto no
    sufriría de las torturas sicológicas que ellos le dedicaban cada día. A
    pesar de todo, los militares continuaron su presión, y lo convidaron a
    firmar un papel donde se negaba a detener la huelga de hambre, es decir,
    que supuestamente el mismo estaría refrendando su fusilamiento.

    El preso estampó su firma como si estuviera firmando su libertad y
    también aseguró que por nada del mundo abandonaría la huelga, a menos
    que le retribuyeran sus derechos y le permitieran las visitas de sus
    familiares sin las humillantes condiciones que le habían impuesto a él y
    a sus hermanos.

    Recuerda el luchador la insistencia de sus familiares en Miami queriendo
    que depusiera la huelga. Adujeron que tras el atentado a las Torres
    Gemelas la situación era muy difícil, y nadie iba a tener noticias de
    que ellos estaban en esa huelga. Pedro y Santovenia decidieron entonces
    posponerla para el diez de diciembre del propio año, Día Internacional
    de los Derechos Humanos.

    Días antes, el 29 de noviembre, fue a su celda el oficial Del Sol para
    ordenarle que recogiera sus propiedades pues sería trasladado para el
    hospital de Colón. Santovenia le aseguró que no se encontraba enfermo, y
    el oficial le aseveró que sí lo estaba, que existían sospechas de que
    había enfermado de tuberculosis. El preso insistió en el hecho de que
    ese diagnóstico era imposible porque hacía más de un año que no había
    recibido la asistencia de ningún médico y mucho menos le habían hecho
    análisis. El militar se decidió entonces por las amenazas y hasta
    aseguró que si no recogía sus cosas, él mismo lo esposaría y no se
    podría llevar ni el cepillo de dientes.

    Finalmente lo trasladaron para la sala de penados en el hospital de
    Colón, lo dejaron en aquella celda con trece reclusos que sí padecían la
    enfermedad. Santovenia recuerda que todos estaban famélicos, que todo el
    tiempo escupían sangre y apenas ingerían alimentos. Constantemente los
    llevaban a la enfermería para aplicarles el aerosol que evitaba la
    asfixia. En ese lugar lo mantuvieron por ocho meses, en los que tuvo que
    ingerir los medicamentos como si en realidad estuviera enfermo. El
    supone que fueron esos fármacos que le obligaban a tragar los que
    evitaron el contagio, o quizá la mano de Dios.

    Allí corroboró la estrategia de sus verdugos, quienes solo se
    interesaban en impedir la huelga de hambre, y quizá, y a no tan largo
    plazo, que se contagiara con la enfermedad y que finalmente muriera.

    El año pasado, el reeducador le hizo saber de su ruta progresiva de
    libertad, y le aseguró que saldría ese mismo año, pero ya estamos en
    2017. Recientemente el oficial Ochoa, segundo jefe de archivo, le envió
    otra ruta progresiva, donde se advierte que cumple su sanción en junio
    de dos mil diecinueve. Cuando Santovenia averigua, le dicen que la culpa
    era de aquella huelga de hambre que hizo en 2001, y que por esa huelga
    le habían sido retiradas las rebajas de los dos meses anuales que toca a
    cada preso. Su esposa tiene un escrito de Galindo, el entonces director
    del penal, donde se garantiza que no le sería aplicada ninguna medida
    por aquella huelga.

    Un oficial que sabe de los abusos, le hizo saber que el actual director
    del penal de Agüica, Emilio Cruz Rodríguez, sacó de su expediente las
    rebajas. Esa es su venganza por no haberlo podido “ablandar” con sus
    torturas psicológicas ni con el intento de enfermarlo con tuberculosis,
    mucho más si Santovenia, como el primer día, continúa firme en sus ideas
    de Libertad y Democracia para nuestra patria.

    “Yo no vine a Cuba ebrio, por embullo ni por ninguna paga. Vine porque
    soy anticomunista y un hombre de ideas libres, y mi mayor anhelo es ver
    a mi patria libre y democrática, como el país que me acogió a mis
    catorce años y donde aprendí a ser libre”, así habla Santovenia, quien
    asegura que a pesar de su agradecimiento a los Estados Unidos, nunca se
    hizo residente permanente ni tampoco ciudadano de ese gran país. Él
    asegura que su gran sueño era regresar al suyo cuando tuviera un
    gobierno democrático.

    También asegura que aunque tenga que cumplir su condena hasta el último
    día, que las últimas noticias aseguran será en el 2021, no hará ninguna
    concesión. Este hombre que tiene un hígado graso y una giardiasis
    crónica, que sufre de una hernia hiatal, de una esofagitis distal, de
    una piel actínica y otras enfermedades, todas adquiridas en prisión, no
    cesará en su lucha por la libertad de Cuba.

    Santovenia es un hombre de sesenta años, y esos malestares se agudizan
    en su delicado cuerpo; pero los tiranos no reconsideran, no renuncian a
    sus pérfidos procedimientos, no deciden liberarlo, aunque ya lleve
    veinticinco años en prisión. Este hombre ya pagó diez veces más que
    aquellos que asaltaron el Cuartel Moncada en 1953, esos hombres que sí
    dispararon y mataron. Por eso habrá que seguir exigiendo la liberación
    de este buen hombre para que vuelva a vivir libre y con los suyos.

    Source: El duro camino de la libertad | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/el-duro-camino-de-la-libertad/

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *