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    El nieto de general mambí que luchó contra el castrismo

    El nieto de general mambí que luchó contra el castrismo
    A la memoria del gran amigo y patriota Félix Antonio Bonne
    Lunes, enero 9, 2017 | René Gómez Manzano

    LA HABANA, Cuba.- Este 6 de enero, mientras disfrutábamos en familia de
    la inocencia con que mis sobrinitos-nietos, de 9 y 3 años, quienes se
    divertían con los juguetes traídos para ellos por los Reyes Magos,
    estaba lejos de imaginar la triste noticia que habría de recibir a la
    caída de la tarde: Ese día falleció en La Habana un gran amigo mío y un
    prominente patriota cubano.

    Recuerdo que Félix Antonio Bonne Carcassés siempre comentaba que, cuando
    muriera, deseaba que fuera yo quien despidiera su duelo. Pero también
    expresó su preferencia por ser incinerado. De acuerdo con las prácticas
    establecidas en la Cuba de hoy, esas dos aspiraciones no resultan
    compatibles entre sí, y la respetable voluntad de su viuda de dar a los
    despojos de su marido el destino deseado por él, me determina a escribir
    ahora este trabajo, como modesto homenaje al hermano caído.

    Ese cubano descollante, de quien con el tiempo tuve el honor de llamarme
    amigo, nació en Santiago de Cuba en 1939. Se enorgullecía de ser nieto
    de uno de los poquísimos generales que luchó en nuestras tres guerras
    por la independencia: Luis Bonne Bonne. La posición económica
    relativamente holgada de su familia le permitió dedicarse al estudio.
    Fue lo que hizo en su ciudad natal durante su niñez y adolescencia. Con
    la llegada de 1959, él, como tantos otros cubanos, depositó grandes
    esperanzas en la triunfante Revolución.

    Al surgir la posibilidad de recibir una beca para estudiar en una
    universidad, viajó a la capital, donde con el tiempo se convirtió en
    habanero por adopción. Sentía una gran pasión por la Historia, pero su
    mamá lo convenció de cursar una carrera que brindara mayores
    posibilidades concretas de obtener empleo. “Después puedes dedicarte a
    lo que quieras”, le dijo de manera premonitoria. Fue así que matriculó
    Ingeniería Eléctrica.

    Tras graduarse, la excelencia académica demostrada en el Instituto
    Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE) le permitió
    obtener una beca para cursar estudios de posgrado en el extranjero. A
    diferencia de casi todos los cubanos coetáneos suyos, esto no lo hizo en
    alguno de los países socialistas de entonces sino en Italia, en el
    Instituto Galileo Ferrari, de Turín.

    Ya de regreso en Cuba, comenzó a impartir clases en donde mismo se había
    graduado como ingeniero electricista. Con el tiempo alcanzó allí la
    máxima categoría docente, Profesor Titular, que ostentó durante
    decenios. También fue miembro del tribunal que otorgaba los títulos de
    posgrado. Dos de sus obras continúan usándose como libros de texto en el
    ISPJAE. “Es que no hay papel para publicar otros”, solía bromear Bonne.

    Esa actividad docente la simultaneaba con el ejercicio práctico de su
    profesión en diversos campos. Recuerdo ahora las anécdotas que mi amigo
    solía hacer sobre su estancia en distintos centrales azucareros, la
    Planta Termoeléctrica del Mariel, la Flota Cubana de Pesca, los talleres
    de reparación de locomotoras.

    Con ocasión de su estancia en estos últimos, realizó innovaciones que la
    parte cubana sometió a la consideración de sus socios canadienses. El
    empresario del país norteño, al planteársele el negocio, pagó sin
    chistar la irrisoria suma de varias decenas de miles de dólares pedida
    por su contraparte cubana. No es que Bonne fuera a obtener algún
    beneficio personal (ya se sabe que en nuestra Cuba, sobre todo en
    aquella época, tal cosa era inconcebible), pero le dolía que los
    burócratas vendieran el fruto de su inventiva a precio de liquidación.

    Al arribar la década de los noventa e iniciarse el llamado “Período
    Especial”, se hizo del todo evidente la inviabilidad del modelo
    imperante en el país. Con este motivo, un nutrido grupo de profesores
    universitarios (sobre todo del ISPJAE), firmaron una carta abierta en la
    que expresaban su preocupación por la ruinosa situación imperante y
    proponían modestas reformas para mejorarla. A su cabeza figuraba el
    ahora fallecido.

    Al cabo de los años, Félix Antonio me comentaba: “Releo ahora ese
    documento y me doy cuenta de que nuestros planteamientos eran muy
    moderados”. Pero el régimen de Fidel Castro ni siquiera por ese motivo
    transigió con los firmantes. Sobre ellos cayó la furia orquestada desde
    las altas esferas. Todos fueron expulsados de sus cátedras.

    Como parte de esa represión, no faltaron los bochornosos “actos de
    repudio”. Para recoger su baja, citaron a Bonne para determinado día y
    hora. Al llegar, encontró reunidos a todos sus estudiantes y compañeros
    de trabajo, quienes le lanzaron gritos de rechazo. “Pero lo que más me
    dolió”, comentaba él, “es que, al ir a marcharme, un grupito de esos
    mismos alumnos se me acercó y uno de ellos me dijo en voz baja: ‘Profe,
    no se moleste por eso que pasó. Teníamos que hacerlo; si no, hubiéramos
    tenido problemas por gusto’”.

    Una vez adoptada su decisión de vivir en la verdad, se incrementó la
    labor prodemocrática de Félix Antonio. Junto con sus compañeros de
    infortunio fundó la Corriente Cívica Cubana (CCC), al frente de la cual
    se mantuvo hasta su muerte. “No es una organización elitista”, comentaba
    Bonne, “pero como casi todos éramos profesores universitarios, es
    natural que fuéramos mayoría”.

    Fue por esas fechas que lo conocí. A la empatía personal se unió la
    realización de actividades contestatarias conjuntas. Por ejemplo, al
    constituirse el Grupo Gestor Provisional de Concilio Cubano, Félix
    Antonio Bonne Carcassés fue uno de los seis compatriotas que nos
    encontramos en mi domicilio particular con ese fin. A partir de ese
    momento, coincidimos en las reuniones que celebró ese órgano. Así
    empezamos a intimar.

    Poco tiempo después, ambos nos pusimos de acuerdo con Martha Beatriz
    Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez para crear el Grupo de Trabajo de
    la Disidencia Interna, que por el número de sus integrantes fue más
    conocido como “Grupo de los cuatro”. La actividad que desplegamos en
    conjunto fue diversa, pero lo que más se recuerda —creo que con
    justicia— es el manifiesto “La Patria es de todos”, que publicamos en 1997.

    Ese mismo año comenzó la cárcel política de Bonne y de los otros tres
    firmantes. En el caso del ahora fallecido, ese injusto encierro se
    prolongó hasta el 2000. De inmediato fue reconocido como preso de
    conciencia, y con el tiempo recibió galardones internacionales, como el
    otorgado por la Fundación Hispano Cubana y el Gran Premio por la
    Libertad de Prensa de la SIP.

    Al salir todos en libertad (excepto Vladimiro, que debió permanecer
    encarcelado por un par de años más), Bonne continuó su actividad
    opositora en el seno de la Corriente Cívica Cubana y en el Grupo de
    Trabajo de la Disidencia Interna (que pasó a contar entonces con sólo
    tres miembros, debido al continuado encierro del hijo de Blas Roca).

    Años más tarde, Martha Beatriz Roque, Bonne y yo decidimos crear la
    Asamblea para Promover la Sociedad Civil, cuyo Secretariado integramos.
    Ese empeño llegó a agrupar a 365 organizaciones independientes cubanas.
    Muchas eran pequeñas, pero otras no tanto. En cualquier caso, la cifra
    da una medida de la magnitud del esfuerzo realizado, en particular por
    mi buen amigo santiaguero.

    Fue precisamente Félix Antonio quien hizo el mayor aporte para la
    celebración, en mayo de 2005, de la reunión general de la organización.
    A esos efectos (y con el pleno respaldo de quien entonces era su suegra
    y dueña de la casa), puso a disposición de todos el amplio patio de esa
    vivienda (enclavada en el reparto Río Verde, municipio de Boyeros). En
    ese lugar, durante dos días, pudimos congregarnos dos centenares de
    opositores cubanos. Ha sido la mayor reunión de la disidencia.

    Con el paso de los años, mermaron las facultades físicas de mi hermano
    de causa. La diabetes hizo sus estragos. El glaucoma limitó en gran
    medida su visión, aunque por fortuna pudo seguir leyendo, y precisamente
    a eso dedicaba la mayor parte de su tiempo. De este modo enriqueció su
    ya vasta cultura, en especial en temas de la historia patria, en los que
    llegó a ser un gran erudito. También confrontó dificultades para la
    locomoción.

    Pero esos problemas no impidieron que mantuviera sin claudicaciones su
    postura de firme enfrentamiento al régimen. No escatimó su apoyo a
    cualquier iniciativa encaminada a concertar esfuerzos de los opositores.
    Esto lo materializó en la Alianza Democrática Cubana (ALDECU), la Agenda
    para la Transición Cubana y, más recientemente, en el Encuentro Nacional
    Cubano, de cuyo órgano superior —la Mesa de Coordinación— ostentaba al
    morir la condición de miembro.

    Su actividad intelectual quedó plasmada también en artículos que
    publicaba de tiempo en tiempo en CubaNet y otros órganos. Asimismo en el
    documento “Cuba es lo primero”, en el que se hace una crítica frontal de
    los “Lineamientos”, que por entonces constituían un proyecto destinado a
    ser aprobado en el inminente congreso del partido único. Ese nuevo
    manifiesto anticastrista lo firmó junto con el licenciado Guillermo
    Fariñas y el autor de estas líneas.

    Hay un hecho, relacionado con el recién mentado líder opositor
    villareño, que retrata de cuerpo entero a Félix Antonio Bonne Carcassés.
    Ocurrió con ocasión de la larguísima huelga de hambre y sed escenificada
    por Fariñas que condujo a la excarcelación de los miembros del Grupo de
    los 75 y otros presos políticos. En aquella ocasión, todos temíamos —¡y
    con razón!— por la vida del fraterno “Coco”. Pero eso no impidió que el
    exprofesor anunciara públicamente que, si fallecía el sicólogo
    santaclareño, él, Bonne, continuaría la huelga, también hasta las
    últimas consecuencias…

    Ése es el patriota íntegro, brillante, culto, enamorado, que acaba de
    fallecer. También era en ocasiones algo terco y machista. Él mismo era
    el primero en reconocer que no era perfecto. Pero aquí viene al caso
    rememorar uno de sus comentarios sarcásticos preferidos: “Estoy de
    acuerdo con que esta lucha por la libertad sea encabezada por hombres
    ejemplares, que van a misa todos los días y no han conocido otra mujer
    que su primera novia, convertida en su esposa”. Y tras una significativa
    pausa: “El único problema es que esos señores están en la Marcha del
    Pueblo Combatiente”.

    Recordemos también las hermosas palabras sobre su raza: “¡Mi piel no es
    negra! ¡Es blanca, roja y azul, que son los colores de mi bandera!”

    ¡Honremos la memoria de este ilustre cubano!

    Source: El nieto de general mambí que luchó contra el castrismo |
    Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/el-nieto-de-general-mambi-que-lucho-contra-el-castrismo/

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