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    Un paseo por mi Habana

    Un paseo por mi Habana
    25 Abril, 2017 6:05 pm por Eduardo Martínez Rodríguez:

    El Cerro, La Habana, Eduardo Martínez, (PD) Hoy he realizado otra de mis
    caminatas exploratorias por mi Habana. Esta vez me fui a la zona más
    antigua de la ciudad, en específico por los alrededores de la calle Obispo.

    Una de las razones se basaba en que necesito adquirir CD pero no los
    encontré. Desde hace meses escasean en las tiendas. Presumo se deba a la
    gran crisis económica en donde se ha empantanado la nación que no le
    permite a los compradores oficiales (los únicos autorizados) adquirir en
    el exterior artículos que no sean de primera necesidad.

    Las pocas divisas que no sean gastadas en propaganda deben de estar
    siendo invertidas en comida, a pesar de que todo escasea y su oferta es
    cada día más raquítica. Lo que abunda un poco es el pollo y los cubanos
    podemos decir cuándo son de producción nacional o traídos de USA gracias
    al peso y el gordo de los muslos con encuentros. Los nacionales parecen
    haber acabado de salir de una huelga de hambre. Generalmente, cada uno
    debe tener una libra de peso, pero en las pollerías se están viendo
    forzados a cortar con sierras parte del huesudo cuesco para llegar al
    peso requerido. La pechuga cuesta 4.50 cuc el kilogramo. Es cara para el
    ingreso promedio nacional. Con el cuesco, la huesuda área de los
    pulmones del pollo, solo se puede hacer sopita para los enfermos.

    Después de caminar por horas e ingresar a todas las tiendas de todo
    tipo, lo único que hallé fueron DVD, a setenta y cinco centavos, sin su
    cubierta protectora, a granel, como decimos aquí. Es demasiado espacio
    para mi literatura y caro para mi bolsillo.

    Continué caminando y en una de las generalmente mejores tiendas para
    piezas de autos en Prado y Ánimas solo encontré unos rodamientos de
    Lada. Un señor acababa de pagar por toda la existencia de ventiladores
    de seis aspas para el motor de la misma marca y me dejó sin opciones
    para mejorar la refrigeración de mi cacharrito en este verano atroz.

    También, por enésima vez, hoy me quedé con las ganas de adquirir algunos
    libros buenos. En las librerías no hay uno solo que aborde nuestra
    sociedad actual desde perspectivas críticas, solo hay la usual
    apologética y mucha bobería académica, politiquería y autores
    extranjeros malos. Y cada vez estos libros son más costosos, para no
    perder la tendencia de caro y malo.

    Bajando por el Prado veo al futuro hotel Manzana, justo en lo que fuera
    la famosa Manzana de Gómez, edificio que financiara el magnate Gómez
    Mena a inicios del siglo veinte.

    Se reconstruye asimismo el Capitolio Nacional, hacia donde han retornado
    a nuestro enorme e ineficiente parlamento, y también han reacondicionado
    el Gran Teatro de La Habana.

    Me llamó poderosamente la atención una serie de fotos muy antiguas
    reproducidas a tamaño gigante e impresas sobre un nylon grueso a manera
    de cerca que evita a los transeúntes ingresar en una zona de inminente
    peligro bajo los portales de un edificio a punto de desplomarse por el
    deterioro, justo en la esquina opuesta al Tribunal Provincial, la
    antigua sede del desaparecido Diario de la Marina.

    Hacia allí volví a atravesar Prado, ya sin autos estacionados por la
    presión de la policía que los envía no sé a dónde, y me dediqué más de
    una hora a analizar foto por foto. Pude ver por primera ocasión los
    antiguos talleres de la Ciénaga donde se iba a construir el Capitolio,
    los antiguos trenes y sus locomotoras, toda la infraestructura que
    pronto iba a desaparecer. Detrás se ven claramente los edificios de las
    fábricas de tabaco Partagás y H. Upman, edificados en mil ochocientos
    ochenta y tantos, hoy aun en pie en el mismo lugar. Se ve asimismo una
    foto de una decena de obreros manipulando una rudimentaria grúa en los
    inicios de las obras del Capitolio y muchas otras más. Las personas que
    veía con sus sombreritos de pajilla y ala recta estaban trabajando;
    algunos, supongo que jefes, vestían baratos trajes completos al
    inmisericorde sol de siempre. Todos están hoy muertos. Veo sus sonrisas,
    imagino las chanzas que se estarían diciendo, analizo sus ropas, sus
    actitudes y sus imágenes a casi tamaño natural. Hoy no podría conversar
    con ninguno de ellos, sus cuerpos probablemente polvo casi cien años
    después del momento cuando se tomaba la instantánea. Probablemente
    también nadie los recuerda, ¿cómo eran? ¿Qué pensaban de Machado?
    ¿Cuánto les pagaban? ¿Tenían familia? Las fotos no explican tanto.

    Así, mientras avanzaba, me percato que La Habana, ciudad maravilla,
    ¿será posible?, no tiene nuevas urbanizaciones innovadoras. Nada de
    edificaciones altas y ultramodernas. Se detuvo en 1959, con el
    consiguiente deterioro sostenido, casi sin mantenimiento.

    Hoy estaban recambiando los adoquines de Obispo. No hay inmobiliarias
    que destruyan lo obsoleto y aporten modernas soluciones a las
    necesidades estéticas y funcionales de esta urbe tan necesitada, como
    toda la nación.
    ¿Y la Habana del siglo XXI? Lo viejo se reconstruye, pero no tenemos lo
    nuevo. ¿No hay futuro? Yo creo que sí.
    eduardom57@nauta.cu; Eduardo Martínez

    Source: Un paseo por mi Habana | Primavera Digital –
    primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/un-paseo-por-mi-habana/

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