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    Cuba, resistencia y activismo. Tres rostros en el límite

    Cuba, resistencia y activismo. Tres rostros en el límite
    Difundir los rostros de la oposición cubana es un deber
    Sábado, junio 3, 2017 | Miguel Iturria Savón

    VALENCIA, España.- Cuba, aquella isla que transitó de la libertad a la
    dictadura, apenas genera titulares en los medios de prensa
    internacionales. Hasta los mercaderes de utopías fallidas evitan
    asociaciones con la corroída oligarquía de partido único que aún
    penaliza a la oposición pacífica e intenta sobrevivir en época de
    globalización y revolución tecnológica.

    Cuba duele y cansa por la obstinación utópica del grupito de ancianos
    aferrados a viejas pesadillas para justificar el encierro de las voces
    críticas, ajenas a los espejismos de esa cotidianidad sin alternativas
    que estimula éxodos y fugas. La resistencia y el activismo cívico son
    dos opciones con rostros que trascienden los límites del absurdo.
    Difundirlos es un deber.

    I.

    Antonio E. González-Rodiles

    Antonio E. González-Rodiles Fernández es uno de los rostros más
    visibles y admirados de la disidencia en Cuba, respetable por su
    activismo cívico e ideas innovadoras para salir del pantano creado en
    seis décadas absolutismo. Antonio salió de la irrelevancia inducida en
    julio de 2010 con el proyecto Estado de Sats, un “espacio plural de
    participación y debate” recibido con descalificaciones por la maquinaria
    de propaganda y con detenciones y amenazas de la policía política de Castro.

    En la ciudad del sol constante y policías fantasmales, Antonio y sus
    colegas de Estado de Sats agitaron el Corral de comedias de las
    instituciones estatales, cuya neolengua no digiere aún los artículos de
    la prensa independiente, los post de la blogger Yoani Sánchez ni las
    denuncias y propuestas de los pequeños partidos emergentes, todos
    reprimidos y lanzados al baúl de los “enemigos”.

    No conocía a Antonio E. González-Rodiles cuando asistí y reseñé -el 3 de
    agosto del 2010- “Cultura viva en Casa Gaia”, sobre el programa inicial
    de Estado de Sats ofrecido en la institución habanera. Entonces Estado
    de Sats sorprendía por igual a los neófitos del debate y a los cachorros
    de la policía política. “¿Quiénes son estos atrevidos?”, preguntaban con
    agrado o desdén, anclados en la zona de confort del adoctrinamiento o
    distantes del ABC inoculado.

    Antes de convertirse en un opositor visible y con programa Antonio
    representó a Cuba como nadador en los Juegos Panamericanos y obtuvo
    medallas de oro y plata en varios eventos internacionales. Se licenció
    en Física en la Universidad de La Habana y de Máster en el Instituto de
    Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),
    de donde se trasladó a la Universidad Estatal de Florida y se graduó en
    el 2005 como Máster en Matemáticas, ejerciendo de Profesor auxiliar en
    ese centro y en el Tallahassee Community College.

    Antonio E. González-Rodiles, casado con una mexicana y con una hija en
    el país azteca, dio un salto al vacío al regresar a Cuba, en cuya
    transformación democrática intenta concentrarse a pesar del murmullo, la
    inercia colectiva y las carencias que envilecen. Dejó de ser el
    académico bien pagado en un estado grande y próspero y puso su rostro
    frente a las cámaras del audiovisual temático de Estado de Sats, un
    espacio dentro del abarcador programa de Tertulias, Exposiciones,
    Seminarios y debates sobre Cuba y sus retos.

    El impacto mediático de esos audiovisuales coincidió con las Marchas
    urbanas de las Damas de Blanco, la discreta difusión de revistas
    digitales como Convergencias, Voces Cubanas, el Semanario Primavera de
    Cuba, la plataforma blogger nucleada en torno a Yoani Sánchez y Reinaldo
    Escobar y la circulación en la isla de Cubanet y otras páginas y
    soportes creados en La Habana, Santa Clara, Pinar del Río, Miami, New
    York, México y Madrid.

    Recuerdo los memorables programas de González-Rodiles como moderador
    frente a los panelistas Manuel Cuesta Morúa, Julio Aleaga, Wilfredo
    Vallín y otras voces críticas de alto nivel profesional que desnudaron
    el vacío económico, la arrogancia política y la narrativa catatónica de
    la primitiva dictadura comunista en la isla del Caribe. La represión fue
    proporcional al deterioro de la imagen del régimen y sus representantes,
    aupados por el oleaje de aventureros populistas que tomaron el poder en
    Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros países del solar latinoamericano.

    Antonio E. González-Rodiles fue acorralado en su residencia de Miramar y
    detenido varias veces antes de la sospechosa muerte del líder opositor
    Oswaldo Payá Sardiñas en julio del 2012. Recuerdo, por ejemplo, aquella
    noche del 24 de julio en la Estación policial del Cerro, donde las
    turbas organizadas por la policía acechaban a los activistas que
    exigíamos su liberación. En noviembre del mismo año Rodiles fue
    arrestado cuando se interesaba por la abogada independiente Yaremi
    Flores, detenida la víspera por agentes de la Seguridad del Estado. Fue
    liberado 19 días después.

    Además de liderar Estado de Sats, González-Rodiles es uno de los
    Coordinadores generales del Foro por los Derechos y las Libertades,
    promotor de la iniciativa #TodosMarchamos por una Ley de Amnistía y el
    derecho a la manifestación pública en Cuba. En su Hoja de ruta, el Foro
    incluye la implementación de los Pactos de Derechos Humanos en las leyes
    cubanas, a fin de derogar los preceptos que violan o limitan los
    derechos y libertades de los ciudadanos. Concibe, por supuesto, nuevas
    leyes de Asociación, de Medios de comunicación y de Trabajo por cuenta
    propia, encauzados a celebrar elecciones libres y pluripartidistas, pues
    ya existen los partidos alternativos al monopolista Partido Comunista de
    Cuba.

    Los siete puntos del Foro por los Derechos y las Libertades son, de
    hecho, una propuesta para el aterrizaje suave en la democracia, es
    decir, de la ley a nuevas leyes para la reconstrucción económica y social.

    Hasta ahora el régimen se enrosca, embiste y no dialoga con los
    representantes de la sociedad civil. El intento por perpetuarse y hacer
    invisibles a los actores del cambio pone contra las cuerdas a Antonio E.
    G-R y a otras figuras de la oposición emergente, acusados de
    resistencia y lanzados tras las rejas de manera selectiva y pendular,
    como antes en la antigua Unión Soviética y otros países de Europa del Este.

    En los casos de González-Rodiles, el escritor Ángel Santiesteban y el
    grafitero Danilo Maldonado, intervino Amnistía Internacional y la
    dictadura cedió, aunque mantiene los cargos y el acoso contra el líder
    de Estado de Sats y Coordinador de la Demanda Ciudadana por otra Cuba.
    En aquella isla, castigar es una forma de prevenir el activismo pacífico
    y sus variantes críticas, lo cual desgasta a los defensores de los
    Derechos humanos y los deja en el limbo jurídico y la opacidad diseñada
    en Palacio.

    Cuba no es un teatro, pero Antonio E. González-Rodiles Fernández, nacido
    en La Habana el 21 de julio de 1972, sigue en el momento previo a la
    salida del actor a escena, es decir, con la energía concentrada o en
    Estado de Sats, como el programa audiovisual creado por él, Jorge
    Calaforra y Evelyn Quesada, cuya difusión en diversos soportes
    informáticos enfoca al escenario y a los actores del cambio, dentro y
    fuera de la isla.

    II.

    Guillermo Fariñas

    Hasta en el humor es preciso un toque de tragedia y de tiempo pues la
    vida, como la comedia, avanza desde lo burdo hacia zonas sutiles: el
    dolor, la ternura, las frustraciones y la resistencia de quienes
    desafían lo absurdo con su propio cuerpo y, a veces, con una sonrisa o
    un chiste que apacigua lo trágico.

    Quienes miramos a Cuba desde la memoria y la distancia notamos esa
    mezcla de tragedia con bufones desnudos aferrados al poder, retados por
    espectadores que saltaron del graderío y enfrentan al toro sin espada,
    traje ni capucha. El toro insular encarnado por un viejo dictador aún
    baila el danzón de su antecesor y aúlla contra quienes intentan
    cambiarle el ritmo, echarlo del ruedo sin cortarle el rabo ni las
    orejas, es decir, salir del burladero tropical por la vía pacífica.

    Entre esos hombres sin máscaras que ponen su cuerpo como escudo de
    presión contra el despotismo figura Guillermo Fariñas Hernández, nacido
    en Guanabacoa en 1962 y residente en Santa Clara desde niño. A Fariñas
    le dicen el “Coco”, quizás por ser negro, alto, calvo, medio cojo y
    delgado, tan alto y delgado que se arquea sin dejar de mirar al frente y
    sonreír a sus amigos, colegas y vecinos; a veces se ríe de sí mismo y
    cuenta con desenfado porqué usa bastón y cómo perdió el pelo en la
    cárcel, mientras mira al socarrón que le pregunta por los tabacos que le
    apagaron en la cabeza en las celdas de castigo.

    Como creció entre fusiles, discursos y profecías revolucionarias, fue
    matriculado por su padre -un guerrillero del Che Guevara en el Congo- en
    una de las escuelas militares del país; al graduarse de Cadete continuó
    en la Academia militar Tambov, en la antigua Unión Soviética. Luego
    integró la Brigada de tropas cubanas en la guerra de Angola donde fue
    herido en una pierna y en la espalda, lo cual puso fin a su aspiraciones
    bélicas y lo orientó a estudiar Psicología en la Universidad de las
    Villas, ejerciendo después como psicólogo en una clínica de Camajuaní y
    en los hospitales pediátricos de Sancti Spíritus y el “Pedro Borrás” de
    La Habana, donde denunció por corrupción a la directora quien lo expulsó
    por supuesta tenencia de armas de fuego. Ese primer encierro en 1995
    representó una cura salvaje y el inicio de su activismo cívico contra la
    dictadura. Tras 11 meses de limbo legal en la prisión de “Valle Grande”
    fue condenado por “Convicción moral de los jueces”.

    Con casi doce años de prisión y múltiples detenciones e interrogatorios,
    Fariñas cobró protagonismo mundial por su veintena de huelgas de hambre
    en protesta por las condiciones carcelarias y el respeto a la vida de
    reos y activistas de los Derechos Humanos. Entre el 24 de febrero y el 8
    de julio del 2010 puso su cuerpo como escudo ante la muerte por
    inanición del prisionero político Orlando Zapata Tamayo y por la
    liberación de 26 prisioneros políticos enfermos en las cárceles de la
    isla. Al borde de la muerte de Fariñas y bajo presión pública
    internacional Castro II excarceló y desterró a 116 prisioneros
    políticos, 12 de los cuales se negaron a marcharse.

    La temeridad y supuesta “vocación suicida” de Fariñas no obedece a
    desequilibrios y ambiciones personales, como anotan los voceros del
    Politburó. Él asumió la libertad de expresión en circunstancias extremas
    que perduran. Si Cuba fuera un país medianamente democrático no hubiera
    ido a la guerra ni a la cárcel. Es un hombre que protesta, se planta y
    arriesga su vida a cambio de una apertura que normalice la existencia
    humana, pero sabe que la dictadura apenas cede y hay que “moverle el
    piso”. Por eso combina el activismo político con el periodismo. Cuando
    lo conocí a mediados del 2005 en las teleconferencias de la Universidad
    Internacional de La Florida ya había fundado la pequeña agencia de
    noticias Cubanacán Press y escribía crónicas y artículos con sabor
    antropológico y agudeza informativa, sobre todo en el manejo de los
    entresijos militares y los mecanismos de espionaje de la estructura
    castrense. No en vano fue galardonado el 21 de octubre del 2010 con el
    Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia por el Parlamento Europeo.

    Cubanacán Press antecedió a la Revista Nacán, primer peldaño de
    Producciones Nacán, ligada después a la plataforma mediática de FANTU de
    la que es Coordinador General, aunque colaboró con el Semanario digital
    Primavera, editado en La Habana por Juan González Febles y Luis Cino; la
    Revista Voces Cubanas, creada por Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar y
    Orlando L. Pardo Lazo, escritores y periodistas independientes. Durante
    dos años ejerció como Portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, fundada
    por el ex prisionero político José Daniel Ferrer, el líder más audaz y
    prestigioso de la zona oriental de la isla

    Por sus incesantes denuncias en la prensa independiente, en Radio Martí
    y en algunos medios internacionales sobre las agresiones gubernamentales
    a los Derechos Humanos y el acoso y golpizas a su persona por la policía
    política, Fariñas ha sido distinguido por gobiernos e instituciones
    internacionales. En el 2005 protagonizó otra huelga de hambre para
    exigir el acceso a Internet sin restricciones en la isla, aún limitado y
    bajo censura, como en China. Al año siguiente la ciudad de Weimar le
    concedió el Premio de Derechos Humanos, cuyo importe económico donó al
    colectivo de presos políticos. Su visibilidad mediática creció con el
    Premio Ciberlibertad 2006 por reclamar el derecho de los cubanos a las
    nuevas tecnologías.

    En medio siglo de vida Guillermo Fariñas transitó la ruta del soldado
    inducido al estudiante en Moscú, del Cadete en Angola al psicólogo que
    disiente y termina en prisión donde ofrece su cuerpo como escudo contra
    las sombras del horror. Tras las rejas se convirtió en activista cívico
    y en periodista. Es el típico reciliente que apuesta por cambiar la
    tragedia colectiva del país cautivo, salir del dolor sin victimismo ni
    ver al toro desde las barreras.

    III.

    José Daniel Ferrer

    A José Daniel Ferrer, el rostro más visible y audaz de la oposición
    cívica en el interior de Cuba, lo vi por primera vez a mediados del 2005
    en el Mural de los 75, al lado de la Sala “Roosevelt” de la Embajada de
    los EE. UU en La Habana, donde accedía a Internet junto a los colegas
    que escribíamos para Cubanet. Aquel hombre alto, blanco, delgado y serio
    era un eco de rebeldía tras las rejas al igual que Biscet, Antúnez y
    otros opositores y periodistas independientes condenados en juicios
    sumarísimos en la primavera negra del 2003.

    Siete años después del proceso kafkiano de la oligarquía caribeña, los
    rehenes de Castro fueron deportados a España, salvo José Daniel y otros
    once que retaron la decisión y continuaron su activismo en la isla. En
    un programa audiovisual conducido por Reinaldo Escobar resurgió el
    impetuoso y cálido José Daniel contando cómo reportaba por teléfono los
    horrores de la prisión. Luego, en mi primer encuentro con él, al
    preguntarle por su origen, me relató la historia del abuelo, un
    miliciano español que al final de la Guerra Civil escapó en barco hacia
    Cuba con el pasaporte del guerrillero cubano caído junto a él a
    principios de 1939; se parecían tanto que nadie dudó de su “identidad” y
    cómo no podía registrarse en ningún Consulado de España, siguió con las
    señas del amigo muerto y creó familia en Cuba.

    La anécdota y el historial de resistencia de José D. Ferrer “homologa”
    la estirpe y la leyenda personal de este guerrero sin fusil nacido en
    Palma Soriano en 1970. Fue educado para servir al poder pero renegó del
    destino borreguil diseñado por la dinastía verde oliva y asumió desafíos
    que lo llevaron a la cárcel (2003 al 2011), sobre todo por su labor en
    el Comité Ciudadano que gestionó el Proyecto Varela en Santiago de Cuba.
    Al salir del presidio creó la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ese
    paraguas de pequeñas organizaciones disidentes que moviliza a cientos de
    personas en la región oriental de Cuba, baluarte de la “masa” como
    abstracción oficial para someter a individuos que despiertan y se
    integran a la red pacífica en busca de la concertación nacional
    opositora contra la dictadura.

    José Daniel sigue en la línea de cambio iniciada por el Proyecto Varela,
    cuyo líder nacional -Oswaldo Payá Sardiñas- fue asesinado en julio del
    2012. Su liderazgo ha crecido en proporción con la táctica de movilizar
    a la “masa social” de forma no violenta para obligar al gobierno a
    dialogar de “igual a igual” y trabajar por la reconciliación nacional,
    lo cual parece quimérico pero no es imposible por el desgaste y la
    incapacidad de la dictadura para solucionar los problemas esenciales del
    país.

    El Secretario Ejecutivo de la UNPACU no cree en quimeras, sabe los retos
    que afronta y conoce las grietas del viejo muro totalitario. Ha
    protagonizado huelgas de hambre en prisión y fuera de ella, ha resistido
    acoso y detenciones violentas por difundir las demandas y el programa de
    su organización dentro y fuera de la isla. En esa órbita ha girado
    también el célebre Guillermo Fariñas y otros defensores de los derechos
    humanos del centro y la zona oriental de la isla. Por su condición de ex
    prisionero de conciencia con licencia extrapenal a José Daniel le han
    negado algunos viajes al extranjero pese al apoyo de Amnistía
    Internacional, la Organización Mundial contra la Tortura y otras
    entidades que le otorgaron el XIII Premio Internacional de Derechos
    Humanos de la Fundación Hispano-Cubana y el Premio Democracia de la
    National Endowment for Democracy.

    Considerado como símbolo de resistencia y activismo cívico, José D.
    Ferrer, como Guillermo Fariñas, Antonio González-Rodiles, Berta Soler y
    otros líderes de la oposición pacífica cubana, enfrentan aún el
    despotismo de un señorío tropical que se atrinchera y baraja el tiempo,
    mientras prepara a sus herederos dinásticos para perpetuar el absurdo.
    El reto sigue en pie y depende de circunstancias internas, presiones
    externas y de la propia actuación de esos rostros que rompen los límites.

    Source: Cuba, resistencia y activismo. Tres rostros en el límite
    CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/cuba-resistencia-y-activismo-tres-rostros-en-el-limite/

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